lunes, 18 de marzo de 2013

Aprendiendo de los niños

“En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:1-3)


Dios colocó características muy especiales en los niños que básicamente tienen que ver con su inocencia, sencillez, fe y pureza, y que los convierten en nuestros mejores maestros. Para conquistar el corazón de nuestro Padre Dios y poder apropiarnos y disfrutar plenamente de todas las riquezas, es necesario que seamos como niños ¿pero cómo hacerlo? Cultivando las siguientes características:

• Dependencia: Continuamente Jesús levantaba los ojos al cielo, buscando el consuelo y la aprobación de su Padre. Le amaba, le necesitaba y disfrutaba profundamente de su compañía. Al igual que un niño, no deseaba estar sin Él. Le hablaba de las cosas que al Padre le gustaban, pues la oración es el ingrediente cálido, el lenguaje tierno, la expresión de nuestra intimidad y confianza hacia Él

• Fe y confianza absoluta: Aunque sabía que muchos padecimientos hallaría en el camino de la cruz, siempre estaba seguro de contar con el respaldo y ayuda de su Padre, quien con su mirada amorosa y protectora le recordaba que los dos eran uno solo, sabiendo que sus planes sobrenaturales llegarían a feliz término

• Obediencia: Voluntariamente y con alegría, rinde su voluntad a la del Padre, permaneciendo en un solo pensar, un solo sentir, un solo actuar. No le interesa otra cosa más, que decir y hacer lo que a Él le agrada

• Procurar la gloria del Padre: Lo que pertenece al Padre, pertenece al Hijo. No hay posesiones ni intereses separados. Lleno de reconocimiento y gratitud, el verdadero Hijo sólo busca la honra del Padre, glorificándole en todo.

¿Anhelaríamos ser como el corazón de un niño para con Dios? Podemos realizar con fe la siguiente oración:

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