jueves, 21 de marzo de 2013

El principio de la sabiduría

“Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré y tú me enseñarás. De oídas te había oído; Más ahora mis ojos te ven” (Job 42:1-5)

A lo largo de toda la vida y habiendo vivido múltiples desafíos, retos, enseñanzas y realizaciones, se puede decir con toda seguridad que la experiencia más grata, la más emocionante, la más sublime, es conocer a Dios. Ahora bien, este conocimiento sólo es posible por la infinita misericordia de Dios, quien se nos revela y se nos da a conocer. Esto es posible cuando recibimos a Jesucristo como Señor y Salvador, pues Él derrama en nosotros su Espíritu, el cual a su vez, nos da la capacidad de relacionarnos con el Padre de una manera cercana, estrecha e íntima. Comenzamos a descubrir verdades maravillosas, como por ejemplo, que Él es amor y es verdad, que es justicia y paz, que es Todopoderoso, y que podemos entregarle nuestra vida para que Él la dirija, nuestra mente y emociones para que Él las controle, nuestra voluntad para que Él nos lleve a todo bien. Esto necesariamente implica un cambio profundo y radical en todo nuestro ser y por supuesto, comenzar a recibir múltiples bendiciones.

Hay un hombre en la Biblia que vivió mucho tiempo creyendo conocer a Dios, pero lo que tenía, era una información superficial acerca de Él, lo cual no le fue suficiente para mantener la fe en medio de la prueba, pues sucumbió a ella, llegando a pensar que Dios lo había abandonado por completo. Se trata de Job, el hombre que lo tenía todo: bienes, riquezas, honra, amigos, familia, salud, etc. Sin embargo, en un determinado momento de su vida le sobrevino un duro proceso personal, perdiéndolo absolutamente todo, sumiéndose finalmente en la tristeza y la amargura, llegando a reclamar a Dios y a dudar de su amor y misericordia, hasta que, por fin, se encontró verdaderamente con Él y comenzó a conocerlo realmente.

Fue entonces cuando comenzó la restauración de este hombre, al comprender en lo íntimo de su ser quién era el Omnipotente y Eterno Dios que le amaba y tenía un propósito excelso para su vida. Ya no hubo reclamos, ya no hubo preguntas, sólo un profundo y vehemente respeto hacia Aquél que había hecho con sus dedos el Universo, quien todo lo tenía bajo control y para quien absolutamente nada era imposible. El relato bíblico nos afirma que la vida de este hombre cambió radicalmente en la medida en que cambió su relación con su Creador, ya no una relación fría, lejana, basada en la tradición, sino una estrecha, cercana, basada en el amor. Muchas veces creemos que los momentos difíciles son la excusa para apartarnos del Señor, pero no es así, puesto que es justamente en esos procesos de aflicción donde podemos conocerle de cerca, y experimentar realmente quién es Él, y entonces, comenzar a experimentar toda la bendición que Él anhela derramar en nuestra vida.

“Padre Santo, nuevamente te damos gracias mi buen Padre por permitirnos estar junto a Ti, por poder conocerte más, porque anteriormente te habíamos escuchado, pero hoy podemos decir que realmente te vemos en nuestros padres, familia, esposa (o), hijas (os), hogar, hermanos y en todas nuestras actividades.. Hoy te pedimos que nos des un nuevo corazón, que sea sensible para descubrir ese ardiente e intenso amor Tuyo derramándose en nosotros, y señalándonos la senda por donde debo caminar y la cual, nos conducirá a Tu bendición. Tu nos ciñes de todo poder y hace posible todos nuestros caminos, Tu nos haces libres, estables felices, estamos ante Ti pidiendo Tu oportuno socorro, nuestra voz se eleva en esta plegaria y que sea Tu Espíritu Santo quien nos guie por tus sendas benditas. Cada día descubrimos en Ti tus maravillosas verdades, Tu amor y a comprender que Tú eres verdad, que eres justicia y paz, que eres todopoderoso, y que podemos entregarte nuestras vidas para que seas Tu mi Dios quien las dirijas. Te entregamos nuestra mente y emociones para que Tú las controles, nuestra voluntad para que Tú nos lleve a actuar bien y de acuerdo a Tus mandamientos y enseñanzas. Hoy no reclamamos nada, no cuestionamos nada, sólo hay en nuestros corazones un profundo y vehemente respeto hacia Ti mi buen Dios, quien tiene todo bajo Tu control y absolutamente nada es imposible. Te pedimos Padre Dios que cambies radicalmente nuestra relación contigo, que no sea fría, lejana, basada en la tradición, sino que sea estrecha, cercana, basada en el amor, que los momentos difíciles no nos apartemos de Ti, y sea, justamente en esos procesos de aflicción donde podemos conocerte más de cerca, y experimentar realmente quién eres Tú, y poder comenzar a experimentar toda la bendición que Tu Dios amoroso anhela derramar en nuestras vidas. De oídas te había oído; Más ahora mis ojos te ven.” Amén.

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.
Mensaje basado en el devocional "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro".
rc

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