miércoles, 20 de marzo de 2013

La promesa

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:15-17)


Sólo Dios puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro ser, y nos ha dado para esto, un regalo muy especial, una tierna y permanente compañía que nos trae consuelo, abrigo, motivación, descanso, dirección y limpieza, nos muestra la verdad, nos corrige y doblega nuestro ser interior ante Él, con el único propósito de dirigirnos hacia la armonía y salud total características de la persona de Jesús, cuya obra comienza a manifestarse a través de nuestra vida. Todo esto lo hace la maravillosa persona del Espíritu Santo.

Jesús pronto iba a dejar a sus discípulos, pero se sentía seguro conociendo que nada les haría falta, pues todo lo tendrían con su Santo Espíritu. Él los cuidaría y guiaría ahora, los mantendría en la verdad, les recordaría sus enseñanzas. Nada pudo tranquilizar más a los entristecidos discípulos que saber que la presencia divina vendría a morar en cada uno de ellos. Aunque no podían imaginar cómo sería, habían aprendido a creer lo que no entendían.

Así también, la misma promesa es para nosotros. Ya hemos recibido al Espíritu Santo cuando aceptamos a Jesucristo como Señor y Salvador de nuestras vidas, pero ahora es necesario entregarle el control de todo nuestro ser para que Él nos llene y manifieste la vida de Cristo en cada uno. Esto implica mudarnos, cambiarnos, transformarnos en nuevas personas, así como sucedió a los apóstoles en Jerusalén.

Rindamos entonces el control de nuestra vida al Espíritu Santo, disponiéndonos a obedecerle momento a momento. Entonces, Él podrá tomar todo de nosotros y ayudarnos a vivir como Dios quiere, llevándonos a la dimensión de lo sobrenatural, experimentando una vida de aventura, donde lo imposible se hace realidad, donde podremos descubrir cada día el eterno amor del Padre, disfrutar de una permanente victoria y descubrirnos a nosotros mismos como hijos de la fe, de la revelación, con un sentido de misión y destino eterno.


“Amado Padre, hoy te necesitamos más que ayer, hoy nuevamente te damos gracias por este amanecer, por Tu inmensa misericordia de regalarnos un nuevo día, por tener un hogar, una familia, esposa(o), hijas (os), un trabajo y porque Tu nunca nos has dejado solos, te tenemos a Ti en nuestras vidas y a Tu Santo Espíritu con nosotros. Humildemente te pedimos que nos satures con la llenura de tu Santo Espíritu. Que venga a morar en y con nosotros, ayúdanos a vivir como Tú quieres, felices, completos(a) y victoriosos(a). Toma el control y el trono de nuestras vidas y úngenos con tu gran poder para llevar mucho fruto y glorificar al Padre. Tu desde lo alto nos libraras de toda maldad, porque Tu Espíritu estará con nosotros y todas nuestras tristezas se tornará en gozo, Tu Santo Espíritu nos guiará y nunca más nos sentiremos solos, Tú estarás con nosotros, mi buen Padre Dios, porque tú venciste al mundo, porque de Ti recibiremos la fortaleza para enfrentar nuestras dificultades, y solamente Tú puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro ser, nos trae consuelo, abrigo, motivación, descanso, dirección y limpieza, nos muestra la verdad, nos corrige y doblega nuestro ser interior ante Ti Padre Dios, con el único propósito de dirigirnos hacia la armonía y salud total, porque hemos recibido al Espíritu Santo cuando te aceptamos como Señor y Salvador de nuestras vidas. Toma todo de nosotros, llévanos a dimensiones de lo sobrenatural, experimentando una vida donde lo imposible se hace realidad, donde podremos descubrir cada día Tu eterno amor y la compañía de Tu Santo Espíritu. En el nombre de Jesús Amén”

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.
Mensaje basado en el devocional "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro".
rc

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