jueves, 14 de marzo de 2013

Palabras que edifican

“Así al contrario he pensado hacer bien a Jerusalén y a la casa de Judá en estos días; no temáis. Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas. Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová” (Zacarías 8:15-17)


Toda persona que decida volver su corazón a Dios y comience a vivir conforme a sus sabias instrucciones, se hace sabio también y comienza a representar para su familia y entorno, una enorme bendición. Si por el contrario, decidimos seguir los parámetros del mundo, como dejarnos llevar por la tendencia a juzgar, condenar o criticar, vamos a encontrar grandes obstáculos para nuestra felicidad y vamos a causar mucho daño a los demás. Esto no quiere decir que estemos impedidos para hacerle caer en cuenta a alguien de sus errores y ayudarle a superarlos; pero sí debemos asegurarnos de tener una actitud recta cuando lo hagamos, para eso es preciso que:

· Seamos humildes en reconocer nuestras propias debilidades, y estar dispuestos a corregirlas y erradicarlas de nuestra mente, pensamientos y acciones

· Orar a Dios para que al momento de exhortar no usemos palabras o señalamientos ofensivos

· Debemos aplicar verdaderamente los principios de Dios en nuestro estilo de vida, y así poder tener autoridad al momento de corregir, como lo decía el apóstol Pablo a su discípulo Timoteo: “preséntate tú mismo como ejemplo…”

Los nuevos hombres y mujeres que Dios desea formar, aquellos que lo representamos a Él en el mundo, sus hijos e hijas, debemos estar siempre dispuestos a cambiar nuestras actitudes erróneas por cultivar y desarrollar actitudes sanas y dignas, con el fin de mantener un corazón aprobado delante de nuestro Padre Dios y además, hacer bien a los que están a nuestro alrededor. Uno de estos aspectos que debemos cambiar, es velar por nuestros pensamientos, pues de estos dependerán nuestros sentimientos, las palabras que pronunciemos y las acciones que realicemos. Por esto, asegurémonos de que nuestra mente se llene continuamente de pensamientos al estilo de Filipenses 4:8 “Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio”

“Padre hermoso, gracias por este nuevo amanecer que nos regalas, por el descanso, por este día, por la familia, por el hogar, por abrigarnos en tu regazo, hoy comprendemos que tenemos una enorme responsabilidad ante Ti por cada una de nuestras palabras. Somos conscientes del daño de una lengua no domada, y reconocemos que necesitamos la ayuda de Tu Espíritu Santo, para tener victoria en la tarea que representa aprender a dar siempre lo mejor. Sé que la meta es el carácter de Cristo, y estamos agradecidos porque también las recompensas serán muy gratificantes. En ti nos consolamos, en tu amor nos presentamos libremente, buscaremos Tu reino en todo momento, ayúdanos para hacer Tu voluntad, a vencer toda ansiedad, depresión, angustia, temores, solamente en Ti obtendremos respuesta verdadera, colocamos nuestros ojos en Ti mi Dios. Tu nos guías para no pecar contra Ti, y el mismo Dios de Paz nos conducirá por sendas de amor, sabiduría y aléjanos de los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos que hacen mal y asesinan, el corazón que maquina pensamientos inicuos, de ser testigo falso, de hablar con mentiras y a sembrar discordias. Ayúdanos Padre Dios a hablar y a juzgar según la verdad, a no pensar mal contra nuestro prójimo y principalmente contra nuestra familia, ni a jurar en vano. Somos Tus hijos, Tus elegidos, Tus amados, porque en nuestra debilidad vemos Tu grandeza. No podríamos estar sin ver tus ojos, no podría vivir sin contemplarte a Ti, es que Tú eres más grande que el sol, más alto que las estrellas, es que tu amor nos inundó y ya no podemos vivir sin Ti. Llévanos Señor pegaditos entre tus brazos, llévanos Señor al jardín de tu amor. Amén.

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.
Mensaje basado en el devocional "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro",
rc

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