martes, 30 de abril de 2013

Dejando huella de bendición

“Así dijo Jehová: En tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades” (Isaías 49:8)

A lo largo de toda la Biblia se nos deja claro que nuestro Dios es sobreabundante y generoso. Nunca se limita a cosas pequeñas o escasas. Cuando nos promete vida, es vida en abundancia. Cuando nos invita a pedirle algo, es conforme a sus riquezas: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra” (Salmo 2:8). Así mismo, a través del profeta Isaías nos anima a proyectar nuestra vida en términos de conquista, para dejar una huella imborrable, eterna, y para ejercer una influencia que alcance hasta el último rincón de la tierra.

A todo aquel que está dispuesto a abandonar sus esquemas y limitaciones, sus miedos y temores, sus condicionamientos a un pasado de fracaso e imposibles, y se lanza para ser guiado por su Padre celestial, se abandona a su voluntad que es perfecta y se deja llevar por los planes y extraordinarios sueños que Él ha concebido para él, Dios le permite disfrutar de muchas promesas: Que habiendo estado enfermo, Él le sana y lo convierte en guía hacia la salud total; habiendo estado en la esclavitud del pecado, Él lo libera, lo restaura y lo envía a dejar libres a todos los oprimidos y a sacar de la cárcel a los presos; habiendo estado muerto, le da vida y lo envía al mundo a llevar el mensaje de Salvación; habiendo gastado su vida en lo que no conviene, lo sana, lo limpia y le permita ser ejemplo para otros.

Al igual que les dijera a sus discípulos, hoy también Jesús nos encarga ser luz y llevar su mensaje de reconciliación a los hombres y mujeres hasta el último rincón de la tierra. Hoy nos encarga conquistar, no sólo nuestra felicidad y nuestra familia, sino una ciudad, un país, y el mundo entero, para que reciban el mensaje de amor y salvación.

Nosotros también podemos disfrutar esta promesa hoy, si tan sólo decidimos seguir a Jesucristo y convertirnos en sus verdaderos discípulos. Seremos entonces formados, tratados, pulidos y moldeados. Seremos edificados y luego enviados a llevar por todo el mundo Tu mensaje, transcultural y eterno que transforma los seres humanos independientemente de su origen, costumbres, e ideologías.

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