miércoles, 10 de abril de 2013

Foemando el perfil del nuevo hombre

“Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita” (Salmo 112:1-2)

Un hijo es como una semilla de fruto delicioso que se planta en el huerto de la vida, se prepara la tierra y se siembra la semilla, se riega todos los días, se le quita la maleza y se nutre la tierra, se limpia y se podan sus ramas…

Hasta que comienza a crecer el anhelado fruto y, un buen día, está listo para ser servido y disfrutarlo. Cuando esto sucede, ya hemos olvidado el tiempo invertido, el arduo trabajo realizado y por el contrario experimentamos gozo, al igual que un padre o madre que ve crecer a sus hijos sanos, dispuestos a volar bien alto, con sus propios sueños y cumpliendo el propósito de Dios en sus vidas.

Nosotros los padres jugamos el papel humano más importante en la formación y desarrollo de la personalidad de nuestros hijos. Estamos llamados a moldear con nuestra propia vida, la vida de nuestros hijos. La pregunta es: ¿Estamos nosotros los padres preparados para este desafío? ¿Tenemos el tiempo, el amor y la paciencia que se requiere? ¿Estamos contando con la ayuda precisa?

Dios nos da una respuesta clara a nosotros los padres. Si le buscamos a Dios, le respetamos y le tenemos en cuenta, le pedimos su ayuda y nos preocupamos por conocer sus preceptos, guardarlos en el corazón y los ponerlos por obra, entonces vamos a ser el molde, el modelo y el ejemplo que nuestros hijos necesitan, contaremos con el respaldo divino y la ayuda sobrenatural, tendremos éxito en la labor. Nuestra difícil tarea resultará en un maravilloso fruto de alegría y paz.

La promesa declara que los hijos de padres así, llegarán a ser personas notables, admiradas y famosas, porque la bendición de Dios estará sobre sus vidas. Ellos resplandecerán como la luz en medio de la oscuridad, pues crecerán no sólo en estatura, en habilidades o en formación académica, sino en sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres.

¿Qué hombres y mujeres estamos aportando a este mundo? ¿Somos un padre o madre que hemos aprendido a deleitarnos en los principios de Dios; y está viendo que nuestros hijos también lo hacen? El propósito de Dios para la familia es bendecirla y hacer de nuestros hijos hombres y mujeres de bien. Oremos que así sea

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