martes, 2 de abril de 2013

La bendición de ser padre

“Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.” (Salmo 103:13)


Los hijos son una de las mayores fuentes de satisfacción en la vida familiar. Educarlos como hombres y mujeres de bien, es un proceso delicado y complejo que tiene como inicio la vida matrimonial. Mientras más feliz sea una pareja en el proceso de lograr crecimiento en su matrimonio, más capaz será de compartir esa felicidad con sus hijos. Esto significa que lo primero que debe hacer un padre es aprender a amar cada día más, primeramente a su esposa y luego, como consecuencia, a sus hijos. Indudablemente, este amor viene de Dios, y para experimentar este amor hay que amar a Dios con todo nuestro corazón.

Tristemente la tarea de la paternidad ha sido descuidada en casi todas las sociedades del mundo, y muchos hombres inician este camino sin ningún tipo de preparación, pero lo más delicado, sin un adecuado modelo a seguir. Se lanzan a esta aventura muchas veces sin comprender a ciencia cierta que el padre cumple un papel vital en el desarrollo de niños emocionalmente saludables e integralmente equilibrados.

Aunque la madre por lo general pasa más tiempo con los hijos, no podemos menospreciar el papel del padre, puesto que él hace valiosas e irremplazables contribuciones al desarrollo de sus hijos. Por ejemplo, del padre, el niño aprende los rasgos masculinos que imitará y que formarán parte de su personalidad y desarrollo de su identidad social, aprenderá el rol masculino en la familia y sociedad, y aprenderá a desarrollar una sana actitud ante la mujer. La niña por su parte, aprenderá del padre las diferencias entre los rasgos masculinos y femeninos, afianzando, valorando y disfrutando su propia feminidad.

Así como el Hijo de Dios recibía todo el amor, respaldo y protección del Padre celestial, así todo hijo necesita de su padre:

• Que pueda decirle sin vacilar: ¡Te quiero!

• Que lo escuche con paciencia y atención

• Que tenga un tiempo exclusivo para él

• Que le enseñe a vivir sabiamente y sea un buen ejemplo

• Que le enseñe a conocer a Dios, le ayude a desarrollar el hábito de la oración y a cultivar el amor a su Palabra

¡Aunque esta tarea es difícil, no es imposible, pues al padre y madre que disponemos nuestros corazones para ver la gloria de Dios, Él mismo como Padre de todos, nos ayudará, nos sustentará y nos hará ver cómo lo imposible se hace realidad!

“Padre celestial, Te damos gracias por estar en tu presencia, por tener este nuevo amanecer, por tener un hogar, una familia y poder estar a Tu lado con la bendición de Tu Santo Espíritu. Te oramos porque Tú siempre nos escuchas, Te amamos y recordamos la obra de Dios en Cristo Jesús. Nuestros oídos han escuchado palabra tuya. Te necesitamos para poder vivir, para ser unos padres de bendición, que podamos expresar a nuestros hijos nuestro amor, educarlos con sabiduría, atención y paciencia, darles el mejor de nuestro tiempo y enseñarles de Ti mi buen Padre, de tu ejemplo y a cultivar tu palabra. Tú nos has perdonado y disfrutamos de Tu amor. Cuánto te necesitamos. Sé que el desafío que nos colocas es muy alto, pero no imposible si contamos con tu ayuda. Entendemos que el beneficio a nuestro alrededor será inmenso, incalculable, por eso disponemos nuestras vidas para ti. Danos de tus fuerzas y tu poder. Entonces nos levantaremos y cumpliremos tu voluntad”. Amén.

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.
Mensaje basado en el devocional "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro",
rc.

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