Los pensamientos de Dios

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11)

Somos muchas las personas que al observar el panorama actual nos desanimamos y pensamos que ya no hay solución para los interminables problemas que agobian al mundo de hoy. Sin embargo, la Biblia está llena esperanza, de preciosas declaraciones de parte de Dios que expresan su deseo de que el hombre disfrute de la felicidad, el bien y la prosperidad. Sólo basta acercarse con confianza a Dios, apropiarse por fe de sus inquebrantables promesas, que en Él son sí y amén y entonces, una extraordinaria seguridad invadirá nuestros corazones, y nuestras vidas serán llenas de alegría y esperanza.

La esperanza siempre ha sido estudiada por científicos del comportamiento humano, como un poder especial que acompaña al hombre y que surge en medio de las más fuertes adversidades, de los más profundos sufrimientos, de las más grandes carencias y desesperanzadoras circunstancias. Permanece en el corazón humano aun cuando todo lo demás se haya perdido. Le da fuerzas al hombre para seguir luchando, para seguir creyendo, para seguir viviendo, aun cuando todo parece acabar. ¡Dios ha puesto en el corazón humano la esperanza! Es un don divino que hace que el ser humano se vuelva hacia su Creador y Diseñador, para que encuentre en Él todo lo que necesita para ser feliz.

La esperanza, aunque puede estar dirigida a muchas cosas y personas, de las que podemos esperar algo bueno para nuestras vidas, no está hecha exactamente para ser dirigida a alguien distinto a Dios. La esperanza en Dios no avergüenza. En Él lo tenemos todo. Acerquémonos a conocer a Dios y esperemos en su bondad, en su misericordia y en su amor. Descubriremos los mejores planes para nuestras vidas, los pensamientos más altos, los deseos más perfectos. Disfrutaremos la paz y lo que siempre hemos anhelado, lo tendremos, porque “Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido…” (Salmo 25:3) “He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia” (Salmo 33:18).

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