domingo, 28 de abril de 2013

RESPUESTAS A TU NECESIDAD


“Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29: 12-13)
 Buscar a Dios, conocerlo, disfrutarlo como Padre, escuchar su voz, estar dispuestos a obedecerle, constituye la más alta garantía de que Él estará con nosotros, que nunca nos dejará, que saldrá por nosotros cada día. Esto fue lo que el rey David esperaba que aprendiera su hijo, quien le sucedería en el trono, dejándole con esta enseñanza la más grande herencia que podía entregarle antes de partir. Le sería más preciosa que el oro y más útil que las buenas relaciones y la fama, y además, asegurarían su reinado en el trono de Jerusalén: “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; más si lo dejares, él te desechará para siempre.” (1 Crónicas 28:9)
Hay un tema sobresaliente en esta enseñanza y es que la relación con Dios incluye corazón. Si no se le busca, se le sirve, o se le sigue, de corazón, el Señor no podrá tomar lugar en nuestra vida ni manifestarse como Él lo anhela; por tanto, no disfrutaremos de los innumerables beneficios que encierra la promesa: 
“Y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”:
• Recibirá la sabiduría necesaria para vivir feliz.
• Hallará la verdadera vida, la vida abundante, con sentido y propósito.
• Tendrá la certeza de que no estará en oscuridad.
• Habitará bajo el abrigo del Altísimo y contará con su permanente protección.
• Aceptará totalmente su dirección y esto le garantizará la completa provisión.
• Aprenderá a tenerlo como cabeza de su familia y esto le asegurará la restauración y la sanidad para su casa.


Hay muchos tesoros guardados en el corazón, pues es donde suele reservarse lo más importante, lo mejor oremos pidiendo perdón a Dios si no le ha dado el primer lugar. Luego decidamos hacer de Dios el tesoro de nuestras vidas, nuestra mayor riqueza, la más grande posesión. “Vendamos” todo lo que tenemos y “compremos” este tesoro, cuidémoslo y jamás lo perdamos.
“Padre bueno, gracias por este nuevo día que en Tu inmensa misericordia nos regalas, por el privilegio de tenerte en nuestros corazones, por ser nuestro Señor y Salvador, qué alegría saber que tenemos el más precioso tesoro, la más grande posesión, la mayor riqueza que alguien pueda tener. Tú eres lo verdaderamente deseable y codiciable. Humildemente te pedimos que ocupes el lugar que te corresponde: El trono de nuestras vidas, y que nos enseñes a buscarte con todo el corazón. Fijad en vuestro corazón todas las palabras con que os advierto hoy, las cuales ordenaréis a vuestros hijos que las obedezcan cuidadosamente, ciertamente es vuestra vida. Vended vuestras posesiones y dad limosnas; haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca ningún ladrón ni la polilla destruye. Porque donde esté vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.” Amén
Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.
Mensaje basado en el devocional  "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro",
rc.

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