viernes, 3 de mayo de 2013

Fuente de gozo

“Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre” (Proverbios 5:18-19)

Dios ha provisto para el hombre y la mujer, en cuanto a su relación matrimonial, una fuente de gozo permanente que no se agota con los años, como piensan la mayoría de los seres humanos, sino que puede proporcionar cada vez más felicidad, satisfacción y emoción a la vida conyugal. Cultivar esta relación de pareja, les llevará a disfrutar de ese renovado y fresco amor, y de la paz y bienestar en su familia y en la sociedad.

Lamentablemente, para muchos, el acto íntimo no está cimentado sobre el amor mutuo ni está rodeado de un clima de tiernas expresiones de consideración y cariño, y por eso no pueden disfrutar de la armónica sinfonía emocional que Dios quiere para cada pareja matrimonial. Ese desajuste físico y emocional llevará inevitablemente a la frustración para uno o ambos cónyuges. Es necesario escuchar el consejo que una madre muy sabia dio a una pareja de recién casados, cuando tuvieron que enfrentar su primer problema matrimonial, el mismo día en que se celebraba la boda y que hubiera podido marcar un mal inicio para la relación. El vino para la fiesta se había agotado, y esto, en una cultura como la judía, representaba una grave falta de previsión de parte del novio y un desaire para con su esposa, su familia y sus invitados.

Pero para tranquilidad de todos, los novios habían tenido el más grande de los aciertos, y es que habían invitado a su boda a Jesús. Él estaba allí y podía resolver cualquier inconveniente que se presentara. Él tiene la provisión que todo matrimonio, que todo hogar necesita para estar completo y feliz. Su madre, María, lo sabía, y por eso dice al encargado de la fi esta: “Haced todo lo que Él os dijere”. Así lo hizo, siguiendo al pie de la letra la instrucción que Jesús les dio. El vino abundó, la fiesta continuó. Todos fueron muy felices, como también lo serán todos aquellos matrimonios que hoy inviten a Jesús a vivir en medio de ellos, para que la provisión de amor, ternura, perdón y misericordia, dentro del hogar, nunca falte. Pongamos cada día nuestro matrimonio en las manos del Señor para que nunca les falte el vino del amor, oremos por nuestro cónyuge y confíe que Dios estará con nosotros.

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