VENCIENDO LOS OBSTACULOS


ESPINAS EN LA CARNE
Wilma Rudolf nació en el Estado de Tennessee en el seno de una familia de diecinueve hijos.  Cuando tenía apenas cuatro años de edad sufrió una doble neumonía y fiebre escarlatina que por poco la arrastran a la sepultura.  Aquella enfermedad la dejó inválida y no pudo caminar sino hasta la edad de once años.  Muy pronto comenzó a correr gradualmente, y cuando entró a la universidad del Estado de Tennessee, con el tiempo llegó a convertirse en la mejor corredora de la velocidad en pequeñas distancias de los Estados Unidos.
Wilma era un orgullo para la institución que representaba, y a menudo ed Temple, su entrenador, solía decir: “Wilma es un muchacha distinta de las demás. Con frecuencia se queda dormida entre los torneos semifinales, pero cuando se despierta de su modorra toda aquella energía explota en velocidad.”
Wilma explotó en Roma. Primero ganó la carrera de los 100 metros planos en once segundos exactos, rompiendo de esta manera  el record anterior por medio segundo y estableciendo una nueva marca olímpica.
Luego estableció un récord olímpico en los 300 metros planos.  Después le dio a su país otros triunfo, y por ende otra medalla, en los 400 metros en relevo.  Wilma fue la primera atleta norteamericana que ganó medallas de oro en las carreras atléticas.
Esta joven no se dejó arredrar por las espinas en la carne. Aquellos aguijones más bien le sirvieron de estímulo para sobresalir en le mundo del deporte.  Ella supo imponerse a los circunstancias, a los sinsabores del destino y a las condiciones adversas.
VENCIENDO LOS OBSTACULOS
El atleta que a menudo triunfa es aquel que muchas veces echa mano de las circunstancias que se le presentan para salir victorioso. Otras veces se vale de sus propios fracasos para alcanzar grandes triunfos.
Había una muchacha con una voz argentina que aspiraba a llegar a ser una cantante famosa.  Soñaba con los aplausos del público y quería gozar de fama y reputación. Pensaba grabar discos a granel que se vendieran por todo el mundo.  Pero un día tuvo que afrontar la realidad, llegaron adversidades y problemas que la hicieron desistir de sus ilusiones. Dejó su carrera trunca para cuidar a su anciana madre que había quedado sola.  Desempeñó puestos humildes hasta que al fin llegó a ser maestra, pero de niños retardados. Cuando se hallaba desempeñando esa modesta carrera se puso a reflexionar acerca de su porvenir, y fue entonces cuando dispuso en su corazón compartir su entusiasmo, usando los talentos que Dios le había dado.  Y en uno de los momentos más sublimes de su vida compuso el hermoso himno que lleva por título: “Brilla en el sitio donde estés.” Y llegó a ser famosa, pero en otro sentido, porque ese mensaje singular se canta en la mayoría de las iglesias cristianas.
Se dice que cuando Jerjes, el famoso rey persa, invadió Grecia y extendió su dominio hasta el norte del país, el consejo federal griego dispuso enviar un selecto batallón para defender el paso de las Termópilas.  Léonidas y trescientos hombres fueron seleccionados para cumplir esa importante misión. La contienda era dispar. La superioridad numérica de los persas  era notable. Antes de comenzar la batalla, el rey persa le envió un mensaje al líder de los helenos, y el cual rezaba de la siguiente manera: “Nuestras flechas oscurecerán  el cielo.” Leónidas respondió:” “Mejor, así pelearemos a la sombra.”
Los que triunfan en a vida son aquellos que no se dejan vencer por los inconvenientes. La pobreza, las privaciones, los defectos físicos, el color de la piel, el ambiente que les rodea nunca podrán cerrar las puertas de todo aquel que pone su confianza en Dios y lucha hasta alcanzar grandes metas para la honra y gloria de su Creador.  La persona que tiene una determinación en la vida, con la ayuda de Dios la podrá realizar si posee una disposición inquebrantable y lucha con un propósito determinado.  Bien dijo el poeta cuando declaró: “Unce tu carro a las estrellas”
Hay algunos, sin embargo, que se desaniman cuando se presentan los obstáculos y surgen los problemas.  Otros esconden la cabeza como, según el dicho popular, hacen los avestruces cuando ven que el peligro se avecina. Se dice que el desánimo es una de las armas más poderosas de Satanás.
El esfuerzo y la constancia traen grandes satisfacciones.  Este hecho lo han comprobado los hombres y las mujeres que descuellan en la vida. J.C. Penney, el fundador de la cadena de almacenes que lleva su nombre, en cierta ocasión manifestó: “Si hay un mensaje que darle a la juventud, es el de recalcar que el éxito no estriba en el genio sino en el esfuerzo. Toda persona de inteligencia normal puede triunfar a pesar de los problemas que se presenten o de los defectos físicos que ella misma tenga.  Las posibilidades del triunfo sólo depende de su determinación,”
Se necesita valor para alcanzar la meta. Con razón Moisés le dio el siguiente consejo a su sucesor, Josué consejo que también se aplica a la condición de cada cristiano que se esfuerza por alcanzar el mago galardón: la vida eterna: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas”. Y el apóstol Pablo asegura que cada seguidor de Cristo debe ser diferente, y por eso, entre sus muchas enseñanzas dejó impreso este consejo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de nuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
Es cierto que todos estamos expuestos a la influencia de lo que vemos, de lo que leemos, de lo que oímos y de lo que nos rodea; pero cada individuo tiene su propia forma de vivir, de pensar, de tomar decisiones.  El ambiente es poderoso, pero a cada uno de nosotros nos toca señalar nuestra propia individual, nuestro propio estilo, porque “el estilo es el hombre”.
Una de las mayores cualidades de un atleta está en la estructura de su personalidad y en el papel que desempeña en la obra encomendada a su cuidado. Cierto erudito dejó escrito el siguiente mensaje: “Sea usted mismo.  No gaste su tiempo imitando a otra persona ni queriendo tomar su lugar.  No envidie su trabajo ni espere regalos de ella; sea dueño de sus talentos y sus virtudes.  Sea usted mismo.  Dios lo hizo diferente, y él quiere que usted respete su individualidad. Tome sus propias decisiones, pero permita que Dios oriente su camino, que él dirija sus pisadas. Sea usted mismo, pero busque la orientación divina para que llegue a ser un estímulo para la humanidad y ejemplo para los demás. Sea usted mismo.”


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