jueves, 5 de septiembre de 2013

“Deléitate así mismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Éxodo 17: 8-16; Salmo 37:1-40

Cuando hemos anhelado tener algo, y lo logramos, ¡como nos alegramos! Pues bien, Dios nos ofrece responder a los deseos de nuestro corazón. Él quiere vernos felices y para ello nos da la fórmula que nunca va a fallar: “Deléitate en el Señor”. Deleitarnos con el Señor quiere decir que buscamos su Presencia, la cual nos llena de gozo y de placer, de seguridad y confianza. Aún en medio de los problemas y dificultades, limitaciones y grandes desafíos, tenemos la certeza de que nuestro verdadero Padre, ofrece ayudarnos dándonos lo que Él sabe que necesitamos para ser felices; Él toma todos nuestros temores y dudas y nos dice: “No temas, yo estoy aquí”. ¡Qué dulce calma, qué espera confiada, qué profundo alivio!

Esto fue lo que caracterizó a un gran hombre de fe, que aprendió que mientras tuviera las manos en lo alto, su mirada necesariamente estaría dirigida hacia arriba, al Creador, al único de quien provenía su ayuda. Me refiero a Moisés, quien en su travesía por el desierto, conduciendo al pueblo de Israel a la Tierra Prometida, fue atacado por los amalecitas, una tribu guerrera habitante del desierto.En lugar de angustiarse y desesperarse, pensando que Dios lo había dejado solo, hizo lo que todos nosotros debemos hacer ante una situación que se nos escapa de las manos.

Envió sus mejores hombres a la batalla, mientras Él subía a un collado a buscar al único que podía librarlos de la guerra, por cuanto, Israel no era un pueblo guerrero ni estaban preparados para defenderse militarmente. Sin embargo, Moisés había aprendido a conocer a un Dios que no actúa según la lógica humana ni que está condicionado a limitaciones de ningún tipo. Él tenía por Salvador y guiador, a un Dios poderoso que se deleita teniendo misericordia de los débiles que reconociendo sus desventajas, lo buscan y esperan confiados en Él. Como era de esperarse, Israel venció a Amalec de manera prodigiosa. El obstáculo había sido quitado, pero la enseñanza quedó registrada para siempre. Mientras el pueblo de Israel mantuviera su corazón rendido al Señor y sus manos extendidas a Él, Dios cuidaría de ellos y los defendería. Si Israel se apartaba de su Salvador y sus manos caían por el cansancio, el desánimo o la indiferencia, Dios ya no pelearía por ellos; quedarían a expensas de ellos mismos y serían completamente derrotados.

Cuando aprendemos a deleitarnos en el Señor, nos queda fácil “encomendarle nuestro camino, descansar en Él" (Salmo 37:4-7). Cuando dejamos que el Señor viva su vida en y a través de nosotros, Él ejecuta su voluntad de la misma manera. Este es el privilegio más grande, dejar que Dios mismo nos muestre su plan para nuestra vida y entonces, dejar que Cristo lo lleve a cabo de la manera perfecta como sólo Él lo sabe hacer.

Solo Dios es digno de toda confianza; una cosa es confiar en “alguien” y otra muy diferente es confiar en Dios. Confiar en Él, es “confianza en su poder, sabiduría, y bondad” Con esta clase de confianza, sabemos que nuestros caminos serán los mejores, y que Él es quien controla nuestra vida, permitiéndonos andar siempre con su Presencia. Entonces, ¿Por qué no confiar en Dios? Aprendamos sus caminos, levantemos nuestras manos a Él y aprovechemos sus promesas. Dejemos cada caso en sus manos con seguridad y confianza. Él va a ayudarnos trayéndonos soluciones excelentes. Descanse y espere “deleitándose” en su Presencia mientras Él le da los deseos de su corazón.

HABLEMOS CON DIOS:

“Gracias Señor por este nuevo día, por darnos Tu Palabra, por darnos la seguridad de Tu amor y de Tu Presencia. Hoy nos rendimos ante Tu amor y fidelidad, confiamos y creemos que tus pensamientos son mejores que los nuestros. Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en Él. Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo. Mejor es lo poco del justo, que las riquezas de muchos pecadores. Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.” Amén.

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.

Mensaje basado en el devocional  "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro”.

rc


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