miércoles, 18 de septiembre de 2013

LOS TRAGICOS RESULTADOS DEL RECHAZO


Falta de fe personal en Dios

Es totalmente imposible desarrollar una fe vital  y personal en Dios, a menos que nos aceptemos a nosotros mismos. Nuestra , tanto de la forma en que Dios hizo nuestro cuerpo, como de nuestro talento, nuestros padres y del medio ambiente que nos dio, nos conduce a un espíritu de sometimiento, que es lo que se espera de un cristiano alegre y eficaz.  Para lograr una óptima y vital relación con Dios, tenemos que agradecerle por nuestro aspecto, por nuestro talento, por nuestros padres, y por el medio ambiente en que vivimos.  Esto es esencial, si queremos vernos libres de la depresión. 

Mucha gente se critica duramente a sí misma en público, pero los cristianos deberían saber que no pueden censurarse verbalmente,  porque de hacerlo así, descienden del elevado nivel que Dios les fijó.  Bill Gothard,  un gran hombre de Dios, sabiamente nos recuerda que, por imperfectos que seamos, “Dios todavía no ha terminado con nosotros”. Como hijos, Dios todavía nos está plasmando y retocando para sus divinos propósitos.  En lugar de rechazarnos, y de acuerdo con la Biblia, tendríamos que presentarnos ante Él y anticipar por fe, lo que Él quiere que hagamos en nuestra vida.  Tal concepto espiritual engendrará una actitud mental conducente a la productividad que, a su vez, nos ayudará a aprobarnos a nosotros mismos.

Rebelión

El autorrechazo, cualquiera que sea su origen, avivará el fuego de rebelión en nuestros corazones, contra Dios y contra nuestros  semejantes, sean los padres, el jefe, el socio de toda la vida, o cualquiera que tenga autoridad sobre nosotros.

Vivimos en una sociedad rebelde. No es de sorprender que vivamos en una sociedad desdichada.  Meditemos un instante: a pesar de que la ciencia y la tecnología han avanzado como en ningún otro momento de la historia, brindando al hombre grandes comodidades imposibles 25 años atrás, la gente es hostil y, en su mayor parte, desdichada.  Es el resultado típico de la gente que se rechaza, pues, tienden a rebelarse contra todos y contra todo lo que les rodea.

Ensimismamiento

Cuando alguien se rechaza a sí mismo, es difícil que pueda disfrutar  de los demás.  Se vuelve hipersensible, e interpreta mal las actitudes de los otros hacia su aspecto, sus capacidades, el origen de sus antepasados o el medio ambiente del que proviene.  Por lo tanto, se condena a un ostracismo voluntario para evitar todo conflicto y los sentimientos  poco agradables que suscita.  A medida que más se aparta, más se entrega a rumiar sobre sus propias necesidades, sus sentimientos y pensamientos.  Como de cualquier manera no está satisfecho consigo mismo, se torna cada vez más desdichado.

Excesivo énfasis en las cosas materiales  

El rechazo hacia uno mismo crea desorbitadas ansias materiales.  Las mismas pueden manifestarse en forma de narcisismo, en el deseo de  dar demasiada importancia a los vestidos, o en el afán de amasar una gran fortuna; pero nada de eso conduce a la felicidad.  Resulta  difícil convencer a los jóvenes de que el logro de posesiones materiales no engendra la felicidad.  Puedo nombrar por lo menos  a 15 hombres que poseen grandes fortunas, para quienes el dinero no ha sido la fuente de felicidad. En algunos casos, su riqueza destruyó la felicidad de que gozaban cuando eran menos ricos.

Jesucristo dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios  y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:33).  A modo de contraste con lo que dije anteriormente, conozco personalmente a millonarios que son muy felices, pero no fue el dinero lo que les trajo felicidad.  Su principal meta fue servir a Dios, y sus posesiones materiales fueron el premio a su leal servicio.

Negativismo  y “fracasitis”

Con frecuencia, escuchamos el proverbio popular de “conócete a ti mismo”.  Es un consejo peligroso para los oídos del que se rechaza, porque él lo interpreta como: “conoce tu yo negativo”.  La persona frustrada recuerda el pasado como una amalgama de fracasos, afrentas, insultos, y maltrato a los que estuvo sometido. De ahí concluye  que: “¡Nada me sale bien!"; "¡jamás tengo éxito!"; "¡estoy condenado al fracaso!”. Puesto que la mente subconsciente tiende a hacernos ejecutar, cumplidamente, lo que proyectamos en la pantalla de nuestra imaginación, tal manera de pensar inevitablemente lleva al fracaso, no porque carezcamos de un potencial de éxito, sino porque, de antemano, proyectamos que habremos de fracasar.

“Imitacionitis”

Los que se rechazan no solamente se comparan con los demás, sino que tratan de imitarlos, y esto puede ser una práctica nefasta.  El Doctor Maxwelaltz nos advierte lo siguiente: “Recuerden esto y recuérdenlo  todos los días: jamás serán felices, si se pasan la vida tratando de ser algún otro. Dios los creó como individuos únicos en su género.  Son poseedores de una auténtica grandeza que les pertenece exclusivamente. ¡ Úsenla, no la malgasten !.  La malgastan cuando tratan de ser algún otro, y digo que la malgastan, por la sencilla razón de que no son ningún otro”.

Limitar a Dios en el uso que tiene previsto para nuestra vida

Como resultado del  autorrechazo, evitamos que nos utilice Dios, pues Él ha proyectado un plan para cada uno.  El máximo de felicidad se logra cuando se realiza ese plan de plenitud; así, el resistirlo resulta en la máxima desdicha.  Al rechazarnos a nosotros mismos, no sólo nos abstenemos de utilizar nuestros naturales talentos, sino que coartamos a Dios, impidiéndole inyectar en nuestra vida su milagroso poder.  ¡Una vida de fe es una vida fascinante!.  La mayoría de la gente jamás llega a experimentar esa clase de vida, porque en lugar de  aceptar la declaración de Cristo  “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10b), se rechazan y, como resultado de su incredulidad, provocan un corto circuito; por lo tanto, el poder de Dios no los alcanza.  Ellos jamás experimentarán la vida abundante, en tanto no comprendan, por fe, que Dios los puede bendecir.


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