sábado, 7 de septiembre de 2013


¿QUIÉN SOY PARA DIOS

El autoconcepto es el conjunto de ideas que tenemos acerca de nosotros mismos. Actualmente en los cursos de superación personal a la gente se le enseña a tener claridad sobre quiénes son para ellos mismos y para los demás. En la Biblia encontramos que cultivar un adecuado autoconcepto tener convicción de quiénes somos para Dios. Es aprender a vernos como Él nos ve.  

En la Teoterapia el aspecto clave para  tener una adecuada imagen de nosotros mismos es tener una visión clara de quien es Cristo, identificándonos con Él y Apropiarnos de esa posición que ahora tenemos.

Esto nos llevará a interiorizar el concepto que Dios Padre tiene de nosotros.

La verdad de la Biblia referente a usted y a mi  es el punto de partida para formar un concepto saludable de quiénes somos, independientemente de la "realidad" dé nuestras circunstancias. 

Como hijos de Dios estamos llamados a opinar de nosotros mismos solamente después de haber escuchado al que nos creó y nos redimió; de esta manera nos miraremos y actuaremos como Él quiere que lo hagamos. 

Si somos de Cristo, descendientes de Abraham somos; luego, todas las promesas dadas son para nosotros. Sin embargo, no basta saberlo; se requiere vivir de acuerdo con esa verdad y renunciar a la incredulidad ya la razón.  

1. Especial

Cuando algo se define como especial es porque es muy valioso, de una gran significancia, de la más alta valía. Lo contrario sería algo ordinario, común. Luego,como hijos de Dios no somos uno más; somos especiales tesoros. "Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.   No por ser vosotros más que

Todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos;  sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha

Sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto. “(Deuteronomio 7:6-8). En este pasaje encontramos una aparente contradicción: Israel era el pueblo más insignificante, pero algo lo hacía especial: que Dios lo había amado.

Esto aplica perfectamente para nuestras vidas como linaje de Abraham: somos especiales para Dios no por nuestro mérito sino porque Dios nos ha amado. Ahora bien, si creemos realmente que Dios nos ama y nos ha hecho por una razón especial, tal como la Biblia lo enseña, podemos aceptar con gratitud nuestra apariencia, capacidades, linaje y medio ambiente. Una vez aceptamos estas cosas por fe resulta fácil aceptarnos y amarnos a nosotros mismos.

La pregunta es: ¿Nos hemos apropiado del amor de Dios? Con demasiada frecuencia olvidamos que Dios nos ama con amor incondicional, inmerecido e inmotivado; amor que fue demostrado al mandar a Su Hijo a morir por nosotros. Quizá hemos aceptado de un modo "intelectual" este amor. ¿Pero lo estamos experimentando? La fe y la convicción nos permiten apropiarnos de esa verdad y creerle a Dios y Sus promesas para vivir y actuar como personas especiales.

2. Único

Dios lo hizo a usted para que fuera Su hijo, y como buen Padre puso en usted lo mejor; por eso lo ve de una forma única y especial.

Luego, hemos de hablar un lenguaje personalizado: no es "soy un hijo de Dios más", sino “Soy el hijo amado de Dios"."Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra." (Deuteronomio 14:2). 

Lo singular es irrepetible, no es clonado; por lo tanto, es escaso. ¿Por qué son tan costosos los diamantes? Precisamente porque son difíciles de hallar, de extraer y de refinar. No se encuentran en todas partes como las rocas, pues si así fuera nadie los usaría o serían muy baratos.

Ahora bien, no se trata solamente de la hermosura de los diamantes; es además el más fuerte de los minerales. Un diamante solamente puede ser cortado por otro diamante; ningún otro elemento lo puede cortar o rayar.

Dios tenía una idea muy clara de cómo íbamos a ser, aun antes de que naciéramos; sabía lo que estaba haciendo cuando nos hizo" ¡y lo hizo bien! En la vida de todo hijo de Dios ha sido colocada una huella, una marca de bendición. Esta huella nos ha dado características propias y singulares, diseñadas para que vivamos según nuestro linaje. Esta convicción nos llevará a agradecerle a Dios por ser objeto de Su amor y por habernos hecho tal y como nos hizo. 

Somos valiosos porque somos una creación única de Dios Padre y fuimos redimidos en la cruz. No somos un código o número más. Somos ese diamante de gran valor para Dios. Pero, ¿le creemos?

3. Su exclusiva posesión

Nada ejerce tanta influencia negativa sobre nuestra vida como el sentimiento de soledad y orfandad. En todo tiempo necesitamos sentir que pertenecemos a alguien: ¡necesitarnos un Padre!

En Su Palabra Dios Papá nos ha declarado que somos Suyos, le pertenecemos; luego, no nos va a dejar ni a descuidar. "Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su a exclusiva posesión, como te lo ha prometido para que guardes todos sus mandamientos; a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho" (Deuteronomio 26: 18-19).

Como amoroso Padre, Dios nos ha tenido paciencia, soporta nuestras inmadureces y no nos dejará hasta que cumpla su buen propósito con nuestra vida. Porque somos de su exclusiva posesión se ha propuesto exaltamos sobre todos los demás pueblos, de tal manera que Su nombre sea conocido y glorificado.

Así nos ve Dios Papá: especiales, únicos y de Su exclusiva posesión. Nuestro problema es que a causa de nuestra incredulidad no nos vemos como Él nos ve ni queremos vivir conforme a nuestra herencia.   

En la medida que les demos más crédito a los pensamientos de Dios que a los nuestros cambiaremos la percepción que tenemos de nosotros mismo y le confiaremos a El nuestra vida.  De eso se trata tener convicción de lo que somos para Dios. 

Aplicación Teoterápica

Hoy abundan los cristianos pero escasea la fe. Aunque aumentan los templos y las congregaciones, tristemente lo que está menguando es la fe. Esto necesariamente es señal de que se está enfriando el amor hacia Dios, pues uno confía es en Aquel a quien ama.

La pregunta obligada es: "...pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿Hallará fe en la tierra?" (Lucas 18:8).

En la actualidad cada vez hay menos hombres de convicción;  por eso entre los hijos de dios hay más debilidad, confusión, trastorno, incredulidad y duda.

La vida de convicción es la única vida que le agrada a Dios. Esto implica las obras de la fe y no las de la ley; de lo contrario, terminamos en una vida conductista y moralista.

La Biblia está llena de promesas; pero, ¿por qué la inmensa mayoría de los hijos de Dios no las  experimentan en su vida? La respuesta nos la da la misma Palabra de Dios: no les aprovecha porque aunque la oyen no la acompañan de fe.

La fe es característica de los del Linaje de Abraham. Hoy somos hijos de Dios; Sin embargo, ¡qué lejos estamos de vivir la vida de convicción que sí viven los judíos! Adonde quiera que van sobresalen y prosperan porque se saben herederos de las promesas. Ahora bien, no se trata simplemente de creer en las promesas de Dios, sino de creerle al que las pronunció; esto es lo que nos llevará a confiarle nuestra vida a Él.   

Dios no nos invita a una fe ciega ni nos dice que dejemos de ver; esto sería fanatismo. Nos pide que veamos conforme a lo prometido; no basando nuestra convicción en lo que vemos, sino en lo que hemos oído. La única vida que le agrada a Dios es la vida de fe; por eso nuestro desafío es que mientras estemos en esta Tierra seamos personas de convicción. 

¿Cuál va a ser su decisión?  ¿Vivir como Abraham, plenamente convencido de lo que le dice Dios en su Palabra, o con base en la razón, vivir de lo que en el hoy y en el ahora?

 


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