miércoles, 2 de octubre de 2013

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2)
PASAJE COMPLEMENTARIO: 2 Corintios5:17; Jueces 6:1-16

Cuando recibimos a Cristo en nuestro corazón, recibimos el maravilloso regalo del perdón. Nacemos de nuevo, a una vida espiritual que antes no teníamos. Ya no somos guiados por nuestros propios impulsos sino por el Espíritu de Dios. Tenemos ahora la capacidad de hacer lo bueno y agradable a los ojos de Dios y vivir cosechando sus bendiciones. Esto nos lleva a la sin igual experiencia de la reconciliación.

En primer lugar, nos reconciliamos con Dios: Al limpiar nuestros pecados, podemos acercarnos a su Santidad, podemos disfrutar de su Presencia. Ya no nos sentimos extraños ni hostiles. Ya no necesitamos estar a la defensiva con Dios. Ahora, sentimos deseos de acercarnos a Él y descubrir nuestro corazón en su Presencia, abandonarnos en sus brazos y disponiéndonos para atender a sus Palabras y para seguir sus instrucciones y enseñanzas.

En segundo lugar, nos reconciliamos con nosotros mismos. Ya no nos vemos a través de nuestros propios ojos, ya no a través de nuestro pasado ni de nuestros fracasos. Ahora nos vemos como nuevas criaturas, sanadas y limpiadas, restauradas y renovadas. Con un espíritu nuevo y vivo, conectado al Espíritu de Dios, recibiendo de Él el impacto de su amor, su poder y su perdón. Ahora somos capaces de agradar a Dios con nuestros pensamientos y acciones, con nuestra vida misma. Aprendemos a vivir de manera distinta, no mirando atrás, no quedándonos en el pasado, en la culpa ni en la condenación. Sencillamente, aprendemos a vernos como Dios nos ve: Amados, perdonados, con naturaleza divina, con unción y con autoridad para extender su reino.

Pero, hay algo más. La reconciliación es un milagro de amor, de paz y de perdón que ocurre en nuestros corazones pero que no se puede detener allí. Tiene que fluir, tiene que contagiar a otros, tiene que tocar otras vidas, sanarlas también, restaurarlas y así ir produciendo verdaderos Agentes de Cambio, personas que van a empezar a sembrar amor en lugar de odio, perdón en lugar de rencor, misericordia en lugar de venganza. Así como el odio y la venganza es como una bola de nieve que va creciendo y destruyendo todo a su paso, arrastrando muchas veces a inocentes que no tuvieron nada que ver con la ofensa o el error; así el amor y el perdón van desarmando corazones, sanando espíritus y devolviendo la paz y la prosperidad a los individuos, a las familias y a comunidades enteras. ¿Estamos disfrutando de la reconciliación?

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesús, gracias por regalarnos un nuevo día junto a Ti, necesitamos que tomes el trono de nuestras vidas para que podamos experimentar la reconciliación, la cual nos permite disfrutar plenamente de nuestra nueva condición de hijos de Dios, disfrutando del poder que vence el pecado y la muerte, y convirtiéndonos en instrumentos útiles en tus manos para la reconciliación del mundo. Sólo cuando experimentamos Tu perdón sanador y Tu amor restaurador, podemos perdonarnos a nosotros mismos, vernos en nuestro nuevo potencial para hacer lo bueno y llevar a otros a vivir esta misma maravillosa condición de paz.” Amén

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.

Mensaje basado en el devocional  "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro”.

rc


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