jueves, 10 de octubre de 2013

“Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Salmos 46:11)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 146; Mateo 14:22-34

¡Qué maravilloso es enfrentar los retos y desafíos de la vida, teniendo la victoria como una fuerte convicción! Todo ser humano, por débil que sea, puede volverse fuerte cuando entiende que el Dios de los ejércitos está con todos aquellos que deciden poner su mirada y su corazón en Él.

Muchas veces, no son las dificultades o los problemas los que realmente nos detienen, sino la pobre visión que tenemos de nosotros mismos, cuando sólo percibimos nuestras grandes limitaciones. Sin embargo,cuando vemos al Señor, todo cambia. Por más pequeño que sea, por más vulnerable que parezca, todo aquel que cuente con la presencia y el respaldo de Dios en su vida, podrá enfrentarse con poder y con fuerza sobrenatural a cualquier circunstancia. Esta gran verdad debe ser nuestra guía continuamente, de tal manera que en cada amanecer escuchemos la invitación que Papá Dios nos hace para conquistar un nuevo día.

Los desamparados en el pueblo de Israel, eran considerados carentes del favor de Dios, pero cualquiera que ante el sufrimiento buscaba el favor de Dios, ya no se le tenía por desamparado. La fe por sí sola, era un testimonio de la presencia absoluta de Dios, que se evidenciaba en la fortaleza espiritual que podían experimentar en los tiempos de guerra, de hambre, de enfermedad; ante la incertidumbre y el temor. Sabían que su Señor les brindaría protección, si ellos se acogían a Él, tendrían su ayuda, Él sería su castillo, en su presencia encontrarían refugio y abrigo, allí estarían seguros.

Un conocimiento profundo de Dios y mantener nuestra mirada fija en Él, también a nosotros nos ayudará a experimentar tal seguridad en medio de las más grandes pruebas y a no estar jamás desamparados ante ninguna circunstancia. Por el contrario, podemos ver los milagros más grandes, como vio Pedro caminar a Jesús sobre las aguas: presenciar las maravillas más sorprendentes, como el hecho de ser él mismo quien caminara sobre el mar, y sin embargo, en el preciso momento en que “vemos los fuertes vientos” podemos temer y entonces, comenzaremos a hundirnos. El problema no fueron los vientos, el mar o la tempestad. El problema fue que al dejar de mirar a Jesús, autor y consumador de nuestra fe, Pedro perdió la confianza, dejó de creer y las circunstancias se hicieron más fuertes hasta consumirlo. Pero en el mismo momento en que intercede, nuevamente el Señor extiende su mano para salvarlo.

Venir a los pies de Dios, es el llamado a todos los que se creen desamparados o se encuentran en medio de circunstancias difíciles. El anhelo es que podamos mantenernos, pase lo que pase, viendo a Jesús. Entonces su mirada de amor y profunda compasión, nos invadirá de una confianza inquebrantable, estaremos seguros y no habrá nada que pueda derrumbarnos.

 HABLEMOS CON DIOS

“Bendito Señor, gracias por estar siempre a nuestro lado, por darnos un nuevo amanecer, hoy nos gozamos al comprender que contar con tu Presencia es nuestro mayor tesoro, nuestra más grande fortaleza. Tú eres nuestro castillo, nuestro alto refugio y nuestro Libertador. Es mejor contar contigo que tener un ejército bajo nuestras órdenes. Es mejor Tu misericordia que la vida. Con todo nuestro corazón, Gracias”

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.

Mensaje basado en el devocional  "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro”.

rc


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