Cuando asumimos nuestro compromiso como Agentes de Cambio, comprendemos lo importante que es entregar a nuestra ciudad, y por ende a nuestra nación y al mundo entero, las vidas de hombres y mujeres transformados individualmente. Son personas que aunque inicialmente tengan conflictos y personalidades resquebrajadas, encuentran un propósito para vivir y un sentido de su existencia, al recibir en sus corazones a quien dio su vida hace dos mil años, para que todos los enfermos de espíritu encontraran una solución viable a cada uno de sus conflictos, produciendo una renovación a su ser integral, de manera que restaurados personalmente, ayuden a la regeneración efectiva de nuestra patria. Estoy convencido, y la misma historia lo ha demostrado, que de nada sirve cambiar el ambiente, si el individuo que lo habita no ha cambiado su mundo interior.

La historia ha demostrado cómo estas transformaciones individuales y colectivas han producido familias más estables, empresas más productivas, sociedades más equilibradas, trayendo por añadidura prosperidad total, a los que han aceptado la presencia de Jesucristo en sus vidas. 


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