miércoles, 25 de diciembre de 2013

“José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:20-21)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Mateo 1: 18-25

La Navidad revela los más extraordinarios planes de un Dios amoroso para con sus hijos, planes de salvación, de salud, de excelencia. Para el cumplimiento de ellos se necesita de hombres y mujeres sensibles a su voz, que crean y que estén dispuestos a obedecer, como María y José.

María estaba comprometida oficialmente con José (desposada) y esta unión era supremamente seria; la aparente infidelidad de María conllevaba un estigma social severo. De acuerdo a las leyes civiles judías, José tenía el derecho de divorciarse y las autoridades judías podían apedrear a María hasta la muerte. Sin embargo, como José no deseaba exponer a María a tal castigo, quiso dejarla secretamente; entonces, Dios le habla y José actúa como un hombre sabio y justo, pues decide escuchar y obedecer la voz del Señor. De él aprendemos:

-Antes que a nuestras razones, argumentos, circunstancias, a nosotros mismos o a los demás, debemos escuchar a Dios. Esta es la única voz que siempre nos dice la verdad y nos guía en el buen cumplimiento de los planes divinos.

-Cuando escuchamos la voz de Dios, sus palabras disipan el temor, la angustia, la duda y el dolor. Ellas por el contrario, nos revelan confianza y seguridad: “No temas”. Porque Él sabe lo que hace, todo lo tiene bajo control.

-No debemos temer a los planes de Dios, pues son siempre mucho más altos que los nuestros y, además, nuestro Padre siempre tiene en cuenta nuestros anhelos y sueños más profundos. José amaba a María y Dios la ratifica como su mujer.

Para José, la consecuencia de escuchar a Dios es que ahora él tenía claridad sobre lo que debía hacer, proseguir con los planes matrimoniales sin importar lo que sucediera a su alrededor. José actuó haciendo lo que era correcto delante de Dios, pues el que oye la voz de Dios se convierte en un hombre seguro y decidido en la acción. (Mateo 1: 24-25). Cuando escuchamos la voz de Dios, podemos descansar en su sabiduría logrando entender que en últimas, nuestro verdadero y real sustento es Él. Cuando obedecemos la voz de Dios somos libres de preocupaciones, entonces, nos volvemos efectivos en todo lo que hacemos. Cuando obedecemos la voz de Dios, Él nos bendice.

Nuestro Padre Dios siempre está dispuesto a comunicarnos toda su verdad, además de sus maravillosos planes para con cada uno de nosotros. Él sólo espera de parte de sus hijos que estén dispuestos a escucharlo, pero también a obedecerle, alegrando de esta manera su corazón de Padre y entonces, estaremos ganando no sólo para nosotros sino también para cada uno de los miembros de nuestra familia, una incalculable bendición. Recordemos que la mayor demanda de la Biblia es la obediencia.

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre bueno gracias por nacer nuevamente en nuestras vidas, por este nuevo amanecer, en este día queremos  pedirte que hagas de nosotros esas personas atentas y totalmente obedientes a Tu voz. Hoy renunciamos a toda rebeldía, a todo aquello que nos distrae y no nos permite vivir para agradarte. Te rogamos que nos des un corazón sensible como el de José, para buscarte siempre a Ti y estar dispuesto a seguir Tu consejo sabio, que en últimas, nos va a llevar a la verdadera felicidad, y a ver cumplidos todos los maravillosos sueños que tienes para con nosotros. Amén”

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.

Mensaje basado en el devocional  "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro”.

rc


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