ME BASTA TU PRESENCIA
“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23:4)

PASAJE COMPLEMENTARIO Salmo 27:1-14

La mayoría de los cristianos no estamos preparados para enfrentar la aflicción y el sufrimiento. Quizá sabemos mucho acerca de las pruebas, pero todo ese conocimiento teórico no nos prepara del todo para hacerle frente de la mejor manera. Sólo cuando tenemos que vivir una verdadera adversidad o un dolor muy profundo como la pérdida de un ser querido, descubrimos la fuente del verdadero consuelo y qué es lo único que nos puede sostener.

A todos, desde los comienzos de nuestra vida cristiana se nos enseña, que a los que aman a Dios todo les ayuda a bien y que toda situación difícil tiene un significado y un propósito; pero muchas veces la sola comprensión de estas palabras no logran disminuir nuestro dolor. Hay momentos en la vida en que no es suficiente con saber que ese dolor pasará y que quedará una gran enseñanza. La palabra de Dios nos da la respuesta en 1 Pedro 2:21: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”.

El pasaje nos explica que Cristo realmente experimentó y experimenta el dolor y el sufrimiento con nosotros. Es precisamente cuando la vida carece de significado y cuando se está resquebrajado como resultado de la pena y el dolor, cuando Dios nos toma más cerca y camina con nosotros durante ese momento difícil… “no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.

La verdadera esperanza no es que todo será mejor al final, sino que cuando nada parece tener sentido, Dios está allí por nosotros y no contra nosotros; que Él está sufriendo juntamente con nosotros y mucho más importante, Él está ahí para mostrarnos su amor, momento a momento, durante cada paso del proceso.

 HABLEMOS CON DIOS

“Señor gracias por este nuevo día que nos concedes vivir, qué grandiosa esperanza la que tenemos al saber que Tú eres nuestro refugio, el que consuela nuestra alma, el que sostiene nuestras vidas. Hoy entendemos que no hay pena ni dolor tan grande que el bálsamo de Tu amor y la medicina de Tu compañía, no lo pueda sanar. En los momentos de adversidad, permítenos experimentar Tu presencia que nos alienta a seguir adelante haciendo Tu voluntad. Dios mío, tú eres nuestra luz y salvación; ¿de quién vamos a tener miedo? Tú eres quien nos protege; ¡nadie nos infunde temor! Hubiéramos desmayado, si no creyéramos que veremos la bondad de Jehová. Amén

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.
Mensaje basado en el devocional  "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro”.
rc

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