LA FUENTE DE LA VERDADERA PAZ
“Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3:18)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 34:14, Lucas 24:36

Dios es justo y todas sus obras son justas. Es por eso que existe una ley espiritual que se cumple en todo lugar, momento y circunstancia: “Todo lo que el hombre siembre eso también segará”. Si el hombre siembra amor, recogerá amor. Si el hombre siembra bondad, recogerá bondad. Si el hombre siembra paz, recogerá paz. En esto consiste la perfecta justicia de Dios.

La paz, es uno de los dones más preciados que existen. Absolutamente todos los seres humanos buscan con ahínco aquello que podría proporcionarles un poco de paz, pero casi nunca lo encuentran. Piensan que la paz la brinda una persona, un trabajo, una estabilidad económica, un mejor gobierno, etc. Hacen muchas cosas para conseguirla pero desconocen el único camino señalado por Dios para encontrarla: Sembrarla permanentemente por dondequiera que vayamos.

Ahora bien, la paz comienza en un corazón lleno de amor, con una permanente actitud de perdón y de reconciliación y una constante disposición de hacer bien a los demás. Es más que aprender a llevarse bien con los otros, es aprender a amarlos, a aceptarlos como son, procurando siempre el bien para ellos, practicando en todo momento la regla de oro del Señor Jesús: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12).

La paz implica comprender que cada persona es única e irrepetible, que tiene derecho a sus propios criterios, juicios y decisiones; que los intereses, deseos y necesidades son particulares; que las metas, propósitos e ideales ajenos no tienen que coincidir necesariamente con los propios.

Buscar la paz implica aceptar la posibilidad de los errores personales y de los otros, de las equivocaciones propias y de los demás. Es comprender que convivir es difícil, pero el amor de Dios en medio de nosotros lo hace posible. ¡La paz es un ideal imposible según los métodos de los hombres, pero posible según los métodos de Dios!

HABLEMOS CON DIOS

“Padre amado gracias por permitirnos despertar a Tu lado, donde encontramos la fuente de la verdadera paz, hoy entendemos que no hay nada que  nos llene más de alegría y bienestar como el saberse en paz con todos los hombres. Enséñanos a disfrutar la paz que sólo Tú nos puedes dar, para disfrutar la paz con todos los demás. Que a partir de hoy, cada vez que nos enfrentemos  a una contrariedad, elijamos  el camino sabio de la paciencia y no de la irritación, la perturbación, los gritos o los insultos. Que podamos ver y tratar a los demás como Tú mismo lo harías. Llénanos de Tu Santo Espíritu para que derrame en nosotros, amor, fe y dominio propio. Apártanos del mal y permitas que hagamos el bien, que busquemos la paz y ayúdanos a seguirla. Porque solo en Cristo Jesús tendremos la paz verdadera y necesaria para vivir”. Amén

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