sábado, 5 de abril de 2014

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8: 14- 15)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 16:13, Juan 14:17

El día glorioso en que recibimos a Cristo en nuestro corazón como nuestro Señor y Salvador, vino a morar en nosotros su Santo Espíritu para que pudiéramos disfrutar de todo lo que Dios como Creador y Padre ha preparado para nosotros. Una de las acciones más impactantes que Él comienza a realizar es a revelarnos lo que ahora somos: Hijos de Dios. El Espíritu Santo y la paternidad de Dios están íntimamente ligados. Sólo Él nos puede convencer de todos los derechos y responsabilidades que tenemos como hijos suyos en nuestra nueva familia espiritual.

La presencia del Espíritu Santo restaura nuestra vida, volviéndola a su diseño original, para volver a disfrutar del Edén perdido a causa del pecado. Es el anticipo, las arras o la garantía de la vida eterna (la vida de Dios) que ya hemos empezado a disfrutar aquí en la tierra. Esta es la razón por la que es imposible que cultivando la comunión con este maravilloso amigo y compañero inseparable, podamos volver a sentirnos solos. Por el contrario, cada día tendrá el poder, la confianza, la sabiduría, la ciencia y la inteligencia que necesitamos para vivir una vida superior, sobrenatural y excelsa.

¿Deseamos conquistar imposibles, enfrentar y solucionar situaciones difíciles, tener victoria en las luchas diarias de la vida, tener ríos de agua viva fluyendo en su corazón en medio de un mundo carente de amor y comprensión? ¿Poseer denuedo y valentía ante las distintas circunstancias de la vida? ¿Estar en pie siempre y no caer ante nada? ¿Tener fuerza y poder para llevar a cabo los propósitos divinos? ¿Vivir dejando huella, predicar con su ejemplo y tener una vida digna de imitar?

Entonces, déjese guiar por el maravilloso Espíritu de Dios, como el águila imperial se deja llevar por los vientos apacibles que soplan allá arriba, donde llegan los picos de las montañas más altas y donde ninguna otra ave alcanza. ¡Sólo ella puede volar con tanta belleza y majestuosidad!

 HABLEMOS CON DIOS

“Padre bueno gracias por esta nueva oportunidad de vida que nos das, hoy entendemos que Tu verdad, la cual me revela tu Santo Espíritu, nos hace libres de nuestros antiguos esquemas mentales caracterizados por los imposibles y por el temor a un inminente fracaso. Ahora comprendemos que ya podemos descansar de esa lucha incesante- Sencillamente disponemos nuestras  vidas para que Tú la guíes, dejándonos llevar de los vientos de Tu Espíritu para alcanzar las cumbres más altas”. Amén.

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.

Mensaje basado en el devocional  "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro”.


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