martes, 24 de junio de 2014

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JUNIO 24

LA OBEDIENCIA, LLAVE SECRETA

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. (Juan 14:21)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Hebreos 6:7-9

Es la obediencia, la puerta de la felicidad del hombre y el secreto de una vida fructífera en El Señor. Esto es posible, si entendemos que estamos obedeciendo a aquél que ha demostrado ser digno de toda nuestra confianza.

La obediencia requiere que el hombre reconozca a Dios como su Señor. Somos su creación y dependemos de él. Ella determina la relación correcta entre Dios y el hombre; Creador y criatura; Diseñador y diseño; Padre e hijo. Razón por la cual, todo aquél que descubre esta llave, podrá abrir la puerta a ilimitadas posibilidades de vida plena, victoriosa y llena de poder.

Podemos decir que la característica predominante del mundo actual, y el factor común en todos los problemas de la sociedad humana se llama rebeldía (desconocimiento y falta de disposición para seguir las instrucciones dadas por nuestro Creador, para el funcionamiento armónico del universo). Es por esto que la obediencia se convierte en la más grande demanda de Dios en su Palabra.

Los principios que rigen nuestra vida espiritual definen: una vida de victoria y poder si nos sujetamos a ellas, o una vida de continuos fracasos y frustraciones si no lo hacemos. El amor no sólo son bellas palabras, sino compromiso y conducta. La desobediencia puede ser motivada por la desconfianza, por eso es necesario aprender a entregar completamente nuestras vidas a él, pues él, que nos creó, conoce mejor que nosotros el propósito para el cual nos hizo y nos ama incondicionalmente.

El amor en obediencia a él es más que una simple sensación de afecto: es una actitud que se revela en nuestras acciones.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Señor, quiero pedirte que me enseñes a obedecer como tu lo hiciste, de una manera incondicional para agradar al Padre. Te pido perdón porque en muchas oportunidades no he sido sensible a la dirección de tu Santo Espíritu y no he obedecido. Dame siempre un corazón dispuesto a hacer tu voluntad, Amén”. 


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