#guillermorodriguez Testimonio de Jackson Martinez #construyendofamilia

No era la primera vez que le velaba en la cama, pero el jueves mientras lo veía soñar con una noche tan mágica como la vivida el miércoles en el Atanasio, Ernes Valencia, la madre de Jackson Martínez, no se cansaba de ver en todos los noticieros del mediodía la tripleta de su primogénito que dejó cerca, cerquísima, al Medellín de la fase de grupos de la Copa Santander Libertadores.
Los tres goles que le marcó al Peñarol los disfrutó en directo, pero no en vivo por motivos religiosos. “A mí me fascina ir al estadio, pero si los partidos son los miércoles o sábados, no puedo asistir por mi compromiso en el grupo de oración”, se excusa esta chocoana, que aceptó desprenderse de su hijo mayor hace siete años con tal de verlo feliz.

Jackson dejó Quibdó en plena adolescencia, para “buscar el sueño que desde niño tuvo, jugar fútbol profesional; entonces como mis padres y una hermana viven desde hace tiempo en Medellín, él viajó a ver qué puerta se le podía abrir”. Las primeras que golpeó fueron de escuadras barriales, hasta que “en un torneo de la ladera, un directivo lo vio y se lo llevó al Medallo”.
Ya en el Poderoso tuvo que esperar hasta el Finalización de 2004 para debutar, un 3 de octubre frente al Júnior, casualmente cuando celebraba ese día su mayoría de edad. En ese entonces Ernes lo apoyaba a la distancia, porque su deber de madre le indicaba el cuidado de las dos hijas menores: Lady de 17 años y Yadira de 13.
Pero una vez Chachita, como llaman a Martínez por herencia paterna (su padre Orlando Martínez Becerra, ex futbolista de la selección Chocó y El Cóndor, lo apodaban Cha-cha-chá), encontró estabilidad en la capital antioqueña, se llevó a su madre y hermanas porque quería que ellas fueran testigos del siguiente paso, la consolidación en primera.
Por eso, la mujer que lo dio a luz en la capital chocoana en el año 86, admite que es “muy consentido y esta es la hora en que todavía nos ponemos a jugar como niños chiquitos en la casa”, donde además siempre espera después de cada entrenamiento, “su buen pescado, longaniza o el arroz con todo, que es un plato típico del Chocó que le fascina”.

Es aficionado al Play Station, pero también le dedica parte del tiempo libre a la congregación cristiana ‘Asociación Cruzada Estudiantil y Profesional de Colombia’. Desde niño la visita periódicamente y por eso es que cada vez que la red no se resiste al olfato del delantero, alza la mirada al cielo y sus brazos en alto tienen siempre el mismo destinatario celestial.
Por medio de la oración, supo según su madre, que no sólo debía graduarse de goleador, también de profesional y el primer paso lo dio el año pasado, cuando logró el cartón de bachiller y esa fue razón de sobra para que “hiciéramos un brindis familiar, como en cualquier grado, fue algo sencillo porque esperábamos el título en diciembre para celebrar por todo lo alto, pero al final no se nos dio”.
“Terminó un poco tarde, pero lo importante es que lo logró y ahora si el tiempo se lo permite, quiere estudiar educación física o algo relacionado con el deporte, e inglés”.
La prioridad por ahora la tiene el balón, pero como “tenemos mucha confianza y hablamos bastante, él me dice que el fútbol no es para toda la vida y por eso quiere prepararse pensando a futuro”. Y un mejor porvenir podría esperarle al primer goleador de esta versión de la Santander Libertadores, de seguir gritando con frecuencia en el certamen continental, del cual no pasó de ser suplente en 2005 y hoy empieza a sumar méritos para ser una de sus revelaciones en la edición 50.
Jackson nunca despertó. El entendible cansancio pudo más, pero sus palabras para explicar su estreno copero no hicieron falta, porque así como él habla con celebraciones en la cancha, mamá Ernes es la voz autorizada en la casa del goleador


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