lunes, 14 de julio de 2014

#guillermorodriguez devociónal del día #construyendofamilia

MI VERDADERO PAPÁ

“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá”. (Salmo 27:10)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 139:1-18

Nuestra vida tiene origen en la mente y en el corazón de Dios. En el Manual de Vida encontramos: «Con amor eterno te he amado» (Jeremías 31:3b). Conocer a Dios como Padre es encontrar el principio de salud integral, el comienzo de una nueva vida enmarcada en el amor, es recibir en sus brazos la provisión de aceptación, seguridad y amor que todos los seres humanos necesitamos para disfrutar una vida de éxito y felicidad.

A lo mejor, en nuestros primeros años tuvimos experiencias dolorosas que nos condicionaron negativamente hacia Dios como Padre; porque inconscientemente proyectamos nuestros resentimientos y decepciones con nuestros padres terrenales, hacia Él. Es por eso que cuando viene Papá Dios con su gran ofrecimiento, nos resulta difícil creer y aceptar su amor, aunque lo necesitamos desesperadamente. Más, el sobrenatural amor de Dios sigue allí, firme, inmenso, inconmovible, hasta que logra derribar las barreras, sanar las heridas, quitar la dureza, y entender que el amor de Dios es el único que llena todo vacío y sana todas las heridas del alma.

Cuando entendemos que Él nos hizo con ternura y sus dedos nos diseñaron con gran cuidado y maestría, y que su Presencia permanece siempre con nosotros, que nunca nos ha dejado, sino que, por el contrario nos ama entrañablemente, y por ello estuvo dispuesto a pagar un precio muy alto, pero que Él consideró justo por la gran estima que nos tiene: entregar a su propio Hijo a morir en nuestro lugar, entendemos entonces que Él es nuestro verdadero Padre y empezamos a disfrutarle como tal.

Descubrir y experimentar personalmente ese amor, restaura nuestra autoestima y valía; y en aquellos que fueron abandonados por sus padres, se elimina todo sentimiento de orfandad y soledad. Esto nos lleva en primer lugar a restaurar nuestra comunión con Papá-Dios, y en segundo lugar a perdonar a nuestros padres, amarles y honrarles. De esta manera comienza a fluir la salud total en nuestro ser, llevándonos a vivir como verdaderos hijos, como personas realizadas y de bendición; nuestra óptica de la vida cambia y como resultado, nos convertimos en verdadera respuesta para nuestra familia y para la sociedad.

HABLEMOS CON DIOS

“Gracias amado Señor, por haberme reconciliado con mi Padre. Sin importar la edad que tengo, necesito el amor, la protección y el cuidado amoroso de un Padre cada día, es por esto que me rindo ante tu amor y lo quiero aprender a disfrutar cada día de mi vida. Te pido que me ayudes a perdonar a mi padre si en algo ha fallado como imagen tuya en la tierra, hoy te pido que lo bendigas grandemente y que también le ayudes a restaurar su vida, Amén”.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sin crisis la vida es rutina

Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Damos lo mejor de nosotros cuando afrontamos desafíos. Es ...