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LA MEJOR MANERA DE HACER EL BIEN

“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”. (Efesios 6:18)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Hechos 9: 36-43

Muchos anhelan oportunidades para hacer bien a otros, y piensan que quizá cuando tengan dinero o una buena posición podrán hacerlo. Pero lo cierto es, queel Señor nos señala el mejor camino para hacer el bien a todos aquellos que amamos y aún a personas que ni siquiera conocemos. Es un método que está al alcance de todos. Se trata de la oración cuyo poder es absolutamente ilimitado. Sólo basta tener al Dador de todo bien en nuestro corazón, al Omnipotente y Poderoso Dios, Aquél para quien nada resulta difícil.

Una vez hemos recibido a Cristo como Señor y Salvador en nuestra vida, y nos mantenemos en una dulce comunión con su Espíritu, estamos capacitados para interceder por la vida de otros, trayendo beneficios insospechados, que pueden ir desde su sanidad física hasta la salvación de sus almas. Esto, por supuesto, no sólo nos permitirá ser muy útiles y de gran bendición para los que nos rodean, sino que nos llenará de profundas alegrías e incomparables satisfacciones y además nos permitirá contemplar permanentemente la gloria del Señor, lo cual a su vez, fortalecerá nuestra fe más y más. Pero veamos algunas características que son necesarias para convertirnos en intercesores:

-Es necesario orar en todo tiempo. No escatimar ningún esfuerzo sino estar dispuestos a presentar las necesidades de las personas en el mismo momento en que así lo requieren.

- Con toda oración y ruegoLas oraciones llegan al corazón de Dios cuando se hacen con vehemencia, con diligencia y con fervor; cuando el primero que está convencido de la respuesta, es aquel que intercede y anhela ver la gloria del Señor.

-En el Espíritu. Dios no podrá escuchar a un ser humano que está lleno de sí mismo, de su propio egoísmo o de sus equivocados valores y errados juicios. Se necesita estar en armonía perfecta con el Creador, llenos y controlados por su Santo Espíritu.

-Velando en ello con toda perseverancia. La paciencia y la perseverancia es algo que Dios premia en todo hijo, revela un verdadero conocimiento de la fidelidad y la misericordia de nuestro Padre Dios.

-Por todos los santos. Aunque nuestras oraciones deben ser por todas las personas, hay un ingrediente especial que agrada a Dios, y es el anhelar la bendición para todas aquellas personas que comparten nuestra fe; a quienes el Señor anhela mantener siempre unidos a través del vínculo perfecto del amor, para que puedan crecer y perfeccionarse cada día más para la gloria del Padre celestial.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Padre, gracias por este nuevo día que nos permites vivir, te damos gracias por el privilegio que nos das de hacer el bien a los demás, en especial a aquellas personas que amamos y a todas aquellas que forman parte de Tu hermosa familia. Danos un corazón generoso que no escatime ningún esfuerzo para interceder en todo tiempo, con toda oración y ruego, en el Espíritu, velando con toda perseverancia, paciencia, y anhelando la bendición para todas aquellas personas que comparten nuestra fe, llenándonos de profundas alegrías e incomparables satisfacciones”. Amén


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