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EL VERDADERO AMOR DE DIOS

“Cuando hubieron comido, Jesús le dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos”. (Juan 21:15)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Pedro 5:2-4

No podemos desconocer que de la misma manera como el profundo amor de Dios se hizo manifiesto en nuestra vida a través de la obra de Cristo en la cruz, también es necesario que nuestro amor a Dios se haga palpable y manifiesto a través de la obra de la Evangelización y el Discipulado.

Sólo el que ha experimentado en su propia vida la obra restauradora de Cristo, experimenta una profunda gratitud que le compromete con otros. Sólo el que ha experimentado la salud, puede trabajar para ver salud en otros. Sólo el que su vida es un milagro en las manos de Dios, procurará que las vidas a su alrededor también se conviertan en milagros que transforman al mundo.

Es por eso que debemos prepararnos para servir a Dios y demostrarle con hechos, nuestro amor y gratitud. Primero que todo, dejando que Él trate todas las áreas de nuestra vida y nos proporcione el equilibrio, la armonía, y el bienestar que sólo Él puede proveernos.

«Apacentar su rebaño» no sólo es anunciar las buenas nuevas y enseñar a las personas la Palabra de Dios. Significa también, demostrar con nuestra vida, a un Dios real, que es solución a todos los problemas del ser humano, y esto, no se logra solamente a través de las palabras, sino con el testimonio de vida.

¡Qué gran responsabilidad tenemos los hijos de Dios! Demostrar con nuestra vida a un Dios que sana, que restaura, que hace nuevos hombres y nuevas mujeres. Eso es verdaderamente amar a Dios. Además, ocuparse de que el reino de Dios sea extendido y conocido en medio de los hombres representa una enorme recompensa de bendición y Prosperidad: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33).

Piense por un momento en todas aquellas personas y familiares que aún no conocen a Cristo como usted; pídale a Dios por estas personas y compártales del amor de Dios. ¿Cuál es la medida de su amor a Dios?

HABLEMOS CON DIOS

“Buen Señor, te pido en este día que me enseñes a ser como Tú, para sentir compasión por otros y asumir un compromiso total con sus vidas, ayudándoles a crecer espiritualmente, enseñándoles a conocerte y a vivir el plan que Tú tienes para cada uno de ellos. Anhelo aprender a amarte cada día más. Amén”

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