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CONFIANDO EN LAS PROMESAS DE DIOS

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”. (Hebreos 11:13)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Hebreos 11: 1-40

No importa cuántas situaciones difíciles estemos pasando hoy, si realmente creemos en las promesas de Dios y hacemos de su Palabra nuestra guía, no habrán vientos tan fuertes que nos puedan derribar.

La Biblia nos edifica hoy a través de un extraordinario hombre de fe llamado Abraham. Este hombre había escuchado la voz de Dios y había creído lo que le fue dicho: sería padre de multitudes... él lo había visto, sus ojos lo habían contemplado en el resplandor de cada estrella en el cielo, su mente lo había concebido, su corazón lo había anhelado.

Abraham ya no pudo pensar en otra cosa. Sólo este sueño llenaba su mente. Estaba soñando los sueños de Dios. Fue esto lo que mantuvo a Abraham firme, sin tiempo para volver atrás, mirando aún de lejos, pero creyendo; así podía disfrutar el cumplimiento de su promesa. Pero Abraham no sólo esperaba el cumplimiento de la promesa de su hijo, él esperaba el cumplimiento de la promesa que Dios le había hecho de que le daría una patria. Abraham no soñaba con una patria cualquiera, sino con una que era hermosa, radiante, celestial.

Tenía tanta certeza, que la saludaba de lejos y confesaba que era extranjero y peregrino sobre esta tierra. Esto le llevó a ser constituido el Padre de la Fe y recibir la promesa de que en él serían bendecidas todas las familias de la tierra.

También nosotros debemos confiar en las promesas de Dios, y disfrutar la bendición que comienza desde el mismo momento en que creemos en ellas. Nosotros también tenemos una patria celestial que Dios nos está preparando. Qué hermoso saber que un día toda angustia pasará, y sólo nos quedará amar y disfrutar de nuestro Padre por toda la eternidad.

Llenemos nuestra mente con los sueños de Dios. Hagamos de cada afirmación divina, una promesa que adquiere vida primero en nuestra mente. Hagamos uso del maravilloso recurso de la fe como estos hombres y mujeres de Dios que vivieron con sus ojos puestos en Él; y aunque no vieron todo lo que Dios les había prometido, nunca perdieron la esperanza de llegar a la verdadera tierra prometida: la “patria celestial” y por eso, alegraron el corazón de su Padre Dios.

 HABLEMOS CON DIOS

“Padre amado gracias por regalarnos este bello amanecer, queremos decirte en esta oportunidad que queremos conocerte como lo hizo Abraham, queremos experimentar Tu presencia en todo momento para poder vencer la incredulidad, la duda y el miedo, que no nos permiten disfrutar tus promesas. Te pedimos que sigas cumpliendo tu plan perfecto en nuestras vidas y que nuestros sueños siempre estén motivados por los tuyos,  permítenos soñar tus sueños y esperar el cumplimiento de tus promesas”. Amén


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