Disfruta de la creación maravillosa de Dios

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“En El Principio Dios Creó Los Cielos y La Tierra…. Y Vio Dios Todo Lo que Había Hecho, y Era Bueno En Gran Manera.” Génesis 1:1, 31

 

Esta semana, ¡vi la luna más hermosa!   Era luna llena, y vaya si estaba llena.  Lucía grande y blanca, flotando en el cielo, como si fuera una gran bola de terciopelo.

 

Su diámetro era perfecto y de su superficie redonda emanaba  un brillo que resplandecía e iluminaba el cielo con una luz blanca y diáfana.

 

La maravilla de Dios

 

Me detuve a contemplar esa maravilla.  La luna estaba tan grande, que parecía pender de un hilo que la colocaba justo dentro de mi alcance.  Era casi como si yo pudiera extender la mano y tocarla.  Era casi como si pudiera elevarme y envolverme en su manto de aterciopelado blancor.

 

Esa divina belleza, me hizo pensar en Dios, nuestro Creador.  Solo Él podía haber creado algo tan perfecto y hermoso.  Solo Él podía colocar la luna allí, en el firmamento,  para que nos diera su luz de noche.  Miré alrededor, y algunas estrellas tiritaban, anunciando su presencia.  Esa noche tan hermosa, 

de una belleza casi poética, me habló a gritos sobre el magnífico y amante Creador que es nuestro Dios.

 

La Biblia nos da una clara visión de este Dios Creador.  Génesis nos habla del milagro de la Creación.  En el principio, Dios creó nuestra tierra y todo era perfecto.  Y si bien es cierto que el pecado ha palidecido la obra impecable de Dios, aún podemos encontrar  a nuestro alrededor  mucha belleza y perfección.

Contemplemos la naturaleza, y nuestras voces callarán ante su maravillosa plenitud y por las historias de amor que nos cuenta de Dios.

 

 Flores que nos regalan los colores del arco iris y los aromas más deliciosos.   Rosas, jazmines, dalias, begonias, azucenas, gladiolas; todas compitiendo por ser la más bella.  ¿Conoces al heliotropo?  ¿Has sentido el aroma que emana de sus flores cuando cae la tarde?  O quizás prefieras el olor de los jazmines, conocido en todo el mundo por regalarnos su dulce y exótica esencia.  Ninguna fábrica de perfume, ningún hombre, pudiera haber creado ese perfume embriagador.

 

Y, ¿qué podemos decir de las demás especies del reino vegetal?  Árboles que nos dan su sombra y sus frutos.  Algunos viven miles de años, como las Sequoias de los bosques de Norteamérica, que también llegan a ser los árboles más altos del mundo.   En Estados Unidos, abundan los bosques de estos árboles, que, cual longevos centinelas, custodian el paso del tiempo y el progreso de la civilización.

 

Otros árboles son conocidos por sus rarezas, tal como la palmera Madagascar, que solo florece una vez en su vida; cuando cumple 100 años de existencia.  Al llegar a esta edad,  en esta palmera germinan cientos de pequeñas flores, destilando un néctar que se convierte en una dulce bebida para insectos y pájaros.  ¡Imagínense!  


Si  florece una sola vez en cien años, quiere decir que solamente tiene la posibilidad de producir retoños una sola vez en cien años.  ¡Esto equivale a 10 veces en un siglo! ¡Una nueva generación cada cien años! Y sin embargo, aún está en existencia hoy, regenerándose  cada centenar de años, desde el principio de la Creación.  ¿No nos habla esto del poder creativo de nuestro Dios?  ¿No nos habla esto de su amor?

 

La omnipotencia de Dios

 

La naturaleza inerte también nos da maravillosos detalles de la omnipotencia de Dios.   Helados glaciares que han adornado por siglos las montañas más altas de Europa, ríos caudalosos que han sido testigos mudos de la historia del hombre, cómplices de su progreso, y hasta participes de aconteceres bíblicos que han cambiado la historia, tal como el Nilo, por cuyas aguas flotó y se salvó, en una canasta, Moisés; libertador del pueblo de Dios.

 

Y como si esto fuera poco, si nos adentramos en la corteza terrestre, encontramos pequeños destellos del amor de Dios, las llamadas piedras preciosas y semi-preciosas.   Rubíes y zafiros.   Esmeraldas que abundan en las montañas de Colombia, la amatista del Brasil, el ópalo de fuego de México, y los diamantes que enriquecen el subsuelo de África del Sur. Y no se quedan atrás los metales preciosos, como el oro de Chile y de Bolivia y la plata de México y del Perú.

 

Estos minerales famosos y cotizados en todo el mundo, no solamente nos hablan de un Dios de amor, sino de un Dios que le gusta la variedad y la belleza.  Él pudo haber hecho una sola piedra preciosa, y un solo tipo de metal.  Pero combinó sustancias y elementos químicos, para  darnos colores, calidad, y valor. 

 

Pudo haber hecho una sola flor, o un solo árbol, o un solo color.  Pero inundó el universo de belleza, de aromas, de texturas, y de astros y  estrellas.  El habló, y se originaron las cosas y los seres vivientes.  El habló, y todo quedó matizado de una belleza sin par.  

 

Y como obra cumbre de toda su magnífica creación, nos hizo a ti y a mí.   Encima de todo lo que hizo, encima de toda su expresiva creación,  creó al hombre y a la mujer, su obra más perfecta y bella.  Somos su más grande milagro de amor.

 

Si, la naturaleza nos habla en unísono de nuestro amante Dios y Creador.  Dios tiene muchas y diferentes facetas; es nuestro amigo, es nuestro redentor, y también es el Gran Creador.

 

Hoy, tomemos tiempo para contemplar su amor en toda la naturaleza que nos rodea.  Contemplemos su amor en la luna, en las estrellas, en las flores, las mariposas, las aves, las montañas, los ríos, y sobre todo,  en las personas; en un bebé recién nacido, en un niño que corre por el parque, en una pareja de enamorados, en una abuela anciana que acaricia a su nieto en su regazo.

 

Hoy, tomemos tiempo para renovar nuestra admiración en la Creación de Dios, y para darle las gracias por todo lo que hizo, por todo lo que creó, y por haberlo hecho con amor.

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