#guillermorodriguezl #construyendofamilia

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién
he de atemorizarme?” (Vers. 1)
David tuvo que enfrentar muchas batallas y vencer ejércitos,
para llevar a Israel a su esplendor. A fuerza de sobrevivir hizo de la fe y el
valor su estandarte. Y aunque reconocía sus temores y debilidades, su seguridad
estaba en Dios. ¿Qué hizo de David un hombre victorioso? Que logró vencer el
temor. Él sabía que su secreto estaba en
Dios. Hay dos grandes inhibidores y
paralizantes para la acción: el miedo y el desánimo. El temor no debe ser un
vencedor sino un vencido. Hay dos tipos
de temores; los que resultan de peligros reales y los que son resultados de la
sugestión. Por eso el habla del temor y
del atemorizarse. En el primero, alguien nos infunde temor, en el segundo, nos
llenamos de temor, miedo, inseguridad.
En la práctica resulta más paralizante el temor imaginado que el
infundado. Esa es la diferencia entre llenarse de temor y estar confiado. (Vers.
3) En los temores imaginados, opera la
mente, la imaginación, más que la realidad; la sugestión lleva a la persona a
predisponerse a los peligros; el temor alimentado por la mente, es lo contrario
a la fe; así como la fe obra en positivo para que creamos que nos va a ir bien,
el miedo obra en negativo, y nos lleva a
creer que nos va a ir mal. “porque el temor que me espantaba me ha venido, y me
ha acontecido lo que yo me temía. No he
tenido paz, no me aseguré, ni estuve reposado; no obstante, me vino turbación.”
(Job 3:25-26) 
“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en
la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de
Jehová, y para inquirir en su templo. Porque él me esconderá en su tabernáculo
en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me
pondrá en alto.” (Vers. 4-5) El rey
David, el hombre conforme al corazón de Dios, el dulce cantor de Israel, pudo
haberle hecho muchas otras peticiones a Dios; como rey, buscaba la seguridad
frente a sus enemigos, la extensión de sus dominios, el crecimiento de su
reino, su gloria, riquezas, triunfos; muchas cosas podemos pedirle a Dios;
muchos piden riquezas, honra, fama; pero el rey David, solo demandaba una cosa,
estar en la presencia de Dios, todos los días de su vida; y el reconocía que,
de él también dependía que esto se cumpliera. Él debía esforzarse en buscar a
Dios, para disfrutar el “cara a cara con Él”, estar en lo reservado de su
morada, en lo oculto y secreto de su habitación. 
David entendió que solo estando en la presencia de Dios
podría ser libre del temor y del desánimo.
En la intimidad con Dios se recibe una seguridad que solo Dios puede
dar; por eso dice, “aunque un ejército acampe delante de mí, no temerá mi
corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado” (Vers. 3) él
sabía que su dependencia estaba en Dios y en ello sustentaba su seguridad y
confianza; en la presencia de Dios, llenaba todo vació, suplía toda faltante,
cubría toda necesidad. Y en situaciones
desmoralizantes que generan desanimo, en el Señor hallaba su estabilidad y
plenitud. (Vers. 10) En la presencia de
Dios podía conocer el camino a seguir, decisiones a tomar; en su luz, podía ver
la luz. El Señor le enseñaba, guiaba y guardaba. En la presencia de Dios se remozaba, se
levantaba cada día como un águila, para conquistar las elevadas cumbres. En la presencia de Dios se entregan
debilidades y desánimo (Vers. 13) y es en la presencia de Dios donde somos
fortalecidos para esperar y aguardar sin desalentarnos, mientras llega la
respuesta anhelada de parte de Dios. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

“COMO SER LIBRE DE LAS ATADURAS” (Teoterapia)

Los propósitos de Dios son perfectos

¿Qué es y cuáles son las causas de la inflación?