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Fecha: 01-29.15
Oir y obedecer para que nos vaya bien
“Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres” (Deuteronomio 6:3)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Deuteronomio 4:39-40, Salmo 119:9-16
Solo cuando oímos y obedecemos a Dios, estamos preparados para las tareas y desafíos de la vida; siempre, en todas las circunstancias la voz de Dios que ha penetrado en nuestro corazón será suficiente recurso para darnos el valor y la fortaleza necesarias. Oír su voz nos recuerda que no son sólo palabras, sino promesas que serán cumplidas.
Pero lo único que determinará la bendición de Dios para nuestras vidas es oír atentamente sus palabras, con gran cuidado y esmero, pidiendo la ayuda del Espíritu Santo para interiorizarlas y grabarlas en lo profundo del corazón, al punto que se vuelvan parte de nosotros mismos. Cuando oímos atentamente, el mensaje impacta nuestra mente quedando nuestros pensamientos bajo el señorío de Cristo, experimentando victoria sobre la antigua manera de pensar, sobre los viejos paradigmas.
Después de oír, es imprescindible meditar en la Palabra de Dios con el fin de conservarla en la memoria y retenerla en el corazón. Guardar la dirección y el consejo nos salvará de pecar. Sólo entonces, cuando esas palabras sean parte de nuestros pensamientos y sentimientos, se convertirán en acciones conforme a la voluntad de Dios. Es aquí donde comenzamos a disfrutar de incontables beneficios: comunicamos unción a otros, actuamos como benditos y llevamos bendición al ambiente que nos rodea.
La intención de nuestro Padre celestial es que esos mandamientos, estatutos y decretos que Él nos enseña, sean puestos por obra y practicados por cada persona y familia sobre la tierra. De esta manera los seres humanos mantendremos una fe viva, un temor reverente a Dios que nos impulsará a obedecerle en todo y que se reflejará en todo lo que hacemos, dando paso a vidas íntegras y como consecuencia, a sociedades más justas.
HABLEMOS CON DIOS
“Señor, permíteme estar dispuesto a oír, guardar y poner por obra tus mandamientos, sabiendo que Tú te encargarás de que todas mis necesidades sean suplidas. Enséñame a insistir permanentemente en este proceso, dejando que tu palabra de vida penetre en mi interior, tome el control de mi corazón y haga terapia en todo mi ser”

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