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DIOS, DIGNO DE ADORACIÓN

“Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; adoraré hacia tu santo templo en tu temor” (Salmo 5:7)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Isaías 63:7-9; Salmo 103

Mucho se ha escrito sobre la misericordia de Dios. El significado del término lo dice todo: MISERES: miseria, CORD : corazón

Quiere decir que nuestro Padre Dios mira nuestra miseria (corazón engañoso) con su corazón lleno de amor y compasión. Reconocer esta bondad infinita de Dios manifestada en su perdón absoluto y total, a través de la sangre de Jesucristo, su hijo, y poder disfrutar ahora del privilegio de estar en su casa y contar con su compañía permanente, a través de la oración; esto nos debe enternecer, de tal forma, que tomemos la decisión de ser hijos agradecidos, obedientes y fieles.

Un hombre tan rico, tan poderoso y tan grande como lo fue David nos enseña acerca de estas hermosas virtudes, pues reconocía que él no “entraba a la casa” del Señor por méritos propios y que podía orar, alabar y buscar a Dios, sencillamente porque Él mismo le concedía esta misericordia. Aunque era rey, reconocía plenamente que era Dios el que lo había traído de detrás de las ovejas, de ser un humilde pastorcillo a convertirse en un rey de fama y renombre.

Este es un sencillo ejemplo de cómo debemos mirar a Dios en la medida en que escalamos los peldaños del éxito y la prosperidad. No olvidemos que la comodidad y la abundancia pueden endurecer el corazón a tal grado que nos hacen creer que todo lo hemos logrado por nuestro propio brazo, por la capacidad, la tenacidad y el mérito propio.

Mantener clara la visión de un Dios misericordioso que nos sostiene con su aliento de vida, momento a momento, hará que transitemos por los caminos de la humildad y de la sencillez, y esto también se verá reflejado en el buen trato que demos a todos los que nos rodean y en el sabio manejo de la autoridad que se nos delega. También se reflejará en los encuentros diarios con Dios, para hablar con Él y seguir recibiendo su dirección sabia que nos lleva a prosperar cada día más.

Recordemos: “Dios acerca al humilde y aleja al soberbio” siempre que nos acerquemos a Dios, hagámoslo con humildad.

HABLEMOS CON DIOS

“Bendito Padre que estás en los cielos, guarda mi corazón de orgullo y envanecimiento, pues sólo así podré caminar con libertad y sencillez, disfrutando de todo cuanto a diario me ofreces. Enséñame con tu Santo Espíritu a discernir sabiamente tus verdades, para hacerlas lo más importante de mi vida. Cuídame de toda soberbia y autosuficiencia, porque sé que ellas me llevarán a la destrucción. Gracias Señor por tu infinita misericordia, a través de la cual me siento muy amado. Amén” 

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