#construyendofamilia

Fecha: 03-09.15
Jésus, el buen Pastor
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11)

 PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 10:1-30; Salmo 23:1-4

Si había alguien que podría comprender a profundidad esta tierna comparación entre el amor de Dios y el amor de un pastor por su oveja, fue el rey David. ÉL, que habiendo sido durante muchos años el pastor de las ovejas de su padre, tenía la labor de administrar todo lo concerniente al rebaño de Isaí. Desde muy temprana edad, era el encargado de nutrir a las ovejas y alimentarlas, al igual que cuidarlas cuando se enfermaban. Era el encargado de velar con ello por el alimento para toda su familia. Esto implicaba que David hacía su trabajo con gran cuidado y responsabilidad. Además, la Biblia, en 1 Samuel 17:34-36, relata que en defensa de sus ovejas, estuvo dispuesto a exponer su propia vida enfrentándose a grandes peligros, pero nunca estuvo dispuesto a perder una sola de ellas ni por las manos de ladrones ni por boca de animales salvajes:

“David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba…”

David fue un joven que además de ser inteligente, sabio, y extremadamente fuerte y hábil con sus manos, amaba sus ovejas y las cuidaba con su propia vida y fue esto precisamente lo que lo calificó delante de Dios como el único, en todo Israel, que podía enfrentar al gigante Goliat, dirigir los ejércitos de Israel y más tarde, convertirse en su rey.

Ahora podemos comprender mejor por qué el rey David fue un hombre lleno de amor, gratitud y fidelidad hacia Dios. El sentirse una oveja totalmente guardada en los brazos de su Padre Dios, no sólo le inspiraba a componer dulces melodías de alabanza y gratitud, sino que le llevaba a una vida de total entrega y obediencia a quien tanto le amaba, al punto que Dios mismo le llama el hombre conforme a su corazón. También nosotros somos ovejas del mismo prado y tenemos al mismo Pastor, Jesucristo, cuyo amor sin precedentes hizo que entregara su vida por cada uno de nosotros, siendo su cuerpo molido y su sangre derramada para que tuviésemos vida, para que fuésemos salvos, y que ninguno tuviera que perderse. Jesús es nuestro buen Pastor, nos conoce, nos llama para darnos una vida abundante y desea que estemos en su redil para que nada nos haga falta. ¿Desea acudir usted a este llamado? ¿Desea que Jesús sea ese buen Pastor para tener a su lado todo lo que necesita?

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesús, no encuentro palabras que expresen mi gratitud, por el infinito amor que me has mostrado al entregar tu vida por la mía, como el buen Pastor que da su vida por las ovejas. Anhelo corresponderte de la única manera posible: Entregándote mi vida y mi corazón para que reines para siempre en él. Amén”

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