viernes, 3 de abril de 2015

#construyendofamilia

DIOS ES MI REPOSO

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mÍ, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28-29)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 23:2, Jeremías 31:25

En tiempos remotos, la adrenalina que activaba el sistema nervioso y daba comandos a todo el cuerpo colocándolo en alerta y preparándolo para lanzar una flecha al enemigo, o para escapar de un oso en medio de los bosques, determinaba una importantísima pauta de supervivencia. Pero nuestra civilización brinda la oportunidad de experimentar un aumento considerable y nocivo de adrenalina en cada semáforo, en cada calle, y en cada suceso, incluso intrascendente de la vida. Esta preparación para la supervivencia, tan repetitiva e innecesaria, termina por afectar la salud y disminuir la longevidad del hombre y la mujer de hoy, quienes necesitan menos fortaleza física, pero mucha más serenidad.

El hombre moderno busca desesperadamente un oasis en medio del desierto, un refugio seguro en medio de la tormenta, un solaz que le brinde verdadera paz, pero no lo puede encontrar. La ciencia ha hecho enormes esfuerzos para encontrar un camino que le ayude al ser humano a enfrentar con éxito las tensiones y presiones de la vida, pero lo único que ha podido comprobar es que la verdadera causa del desajuste es de índole espiritual.

El ser humano es un ser espiritual, quiere decir que tiene un espíritu diseñado para comunicarse con Dios y recibir de Él su poder, su amor, su sabiduría, su equilibrio, su entusiasmo. La enfermedad o el desequilibrio físico reflejan la interferencia o ausencia de esta relación vital, sanadora y restauradora del hombre con su Creador. Esto quiere decir que al volvernos a Él, al volver en amistad, en paz con Dios, comenzaremos a ser capacitados para enfrentar toda presión externa, con una poderosa fuerza interior que viene de Él, que suple nuestras más profundas necesidades y, además, nos capacita para dar a otros, beneficio y bienestar.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesús, hoy te pido perdón porque muchas veces he dejado que las situaciones y circunstancias me dominen, en lugar de declarar y apropiarme de la victoria que tengo por tu bendita presencia en mi vida. Sólo tu amor sanador y restaurador fluyendo por todo mi ser, puede descansar mi alma y limpiar y renovar mi corazón. Ahora conozco la verdad que soy tu hijo, me amas y me das el poder que necesito para salir victorioso en toda circunstancia de mi vida y esto me hace libre del yugo de la ansiedad y la preocupación. Entrego todas mis cargas a ti, lo que tengo y lo que soy, mi familia, mi trabajo, mis planes, bajo tu cuidado amoroso. Acepto tu sabia dirección hoy y siempre”. 

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