Conversaciones Cruciales #construyendofamilia

Me encontré con un libro llamado Conversaciones Cruciales y conversé un rato con él. Analizando el comportamiento de personas con capacidades extraordinarias para comunicarse, nos enseña qué hace a estas personas diferentes y cómo podemos aprender de ellas. De hecho, pude ver muchos errores que yo mismo cometía. ¡Deberían enseñar estas cosas en todas partes!
Estoy convencido de que aprender este tipo de habilidades es una de las mejores inversiones posibles: impacta en tu vida personal, en tu trabajo y te abre las puertas a nuevas oportunidades, a una mejor calidad de vida. 

Las estrategias tóxicas

A la hora de sostener una acalorada conversación, hay ciertas estrategias que son muy comunes y a la vez muy dañinas. Estas malas prácticas se pueden resumir en:
1. La ley del hielo: expresar nuestra molestia ignorando al “enemigo”.
2. Usar indirectas: no decir explícitamente el motivo de nuestra rabia, en su lugar usar un sarcasmo o un ataque camuflado de broma.
3. Historias de víctimas y villanos: inventarnos una historia, en la que nosotros somos víctimas de una situación injusta, en la que no tuvimos ningún grado de responsabilidad, la culpa es de un maléfico villano, cuyas intenciones son arruinarnos el día.
4. Creerse dueño de la verdad: contar nuestras historias e interpretaciones como si fuesen hechos irrefutables.
La recomendación, entonces, es: quita estas técnicas de tu repertorio ¡no sirven! El solo hecho de identificar estas conductas como dañinas, ya es un gran avance. Si no caes en estos juegos cuando estás teniendo una discusión que se tornó tensa, vas a evitar empeorar las cosas
Amigo, no quiero ni pensar cuántas veces has aplicado la ley del hielo, al menos a mí, muchas veces me pareció la elección natural, lo chistoso es que el hielo se va derritiendo y luego de un buen tiempo, tal vez se llega a la tan aplazada conversación, que en más de una ocasión revela que la gran pelea, no era más que un gran malentendido. Ya lo sabes, es mejor reemplazar el hielo por una dosis de valentía, disposición a escuchar y entender. ¡No prolonguemos la agonía!
Cuando tenemos una conversación, en cualquier ámbito, hay un conjunto de información compartida, que contiene los aportes de cada uno de los participantes. Usualmente el camino “incorrecto”, tiene dos elecciones: silencio o violencia. Me quedo callado y no aporto al conjunto de información compartida, o intento meter mis ideas a la fuerza al conjunto: hablando en términos absolutos e intentando ridiculizar la idea del otro para ganar. Una persona con pobres habilidades de comunicación tiende a caer en estas dos trampas y mientras más lucha por convencer, más aleja a los demás de sus ideas, provocando tensión e invitando a los demás a entrar en modo violencia o silencio. Cuando estamos en medio de estas discusiones, olvidamos el objetivo inicial de la conversación, y nuestro objetivo puede fácilmente convertirse en ganarle al otro o en humillarlo. Cuando esto ocurre, nadie gana, todos pierden. Para peor, usualmente esto ocurre cuando las conversaciones son cruciales, cuando hay una altacarga emocional. Justamente cuando es más importante hablar cuidadosamente.
¿Alguna vez te ha pasado? Estas tan convencido de tu idea, que sientes que los demás están profundamente equivocados, te sientes empoderado, levantas un poco el tono de voz, lanzas tus dardos a la idea que no te gusta, no le das ni el beneficio de la duda, sin darte cuenta que en el camino dejaste a su creador sin ganas de seguir aportando (se sintió atacado) y después, piensas que tal vez fuiste un poco duro, poco empático, pero luego te justificas pensando ¡no podía dejar triunfar tan mala idea! Posteriormente, la experiencia te demuestra que eras tú quien estaba equivocado y para peor, no era necesario exaltarse tanto. 

El camino al acuerdo constructivo

El libro propone una alternativa: preparar el camino para que los demás sepan que podrán hablar sin ser atacados, evitar que nuestros interlocutores entren en modo defensivo. Para poder convencer a otra persona, la primera regla es que no se sienta atacada. Para ello se recomienda hacer a la persona sentir segura, explicando al comienzo que venimos en son de paz, hablando con honestidad (hablando desde el corazón), sin atacar ni faltar el respeto, evitando hablar en términos absolutos, remitiéndose a los hechos más que a las interpretaciones y dejando en claro que nuestra conclusión es solo una posible explicación a lo que ocurrió y no una verdad irrefutable. Esto no es ser débil, no significa dejar de creer en tus ideas o cambiar fácilmente de opinión. Sólo es una manera de comunicarse con mayor efectividad.
Una de las técnicas que recomiendan es la del contrastedecirle a la persona inmediatamente qué es lo que NO queremos decir, para evitar que mal interprete lo que diremos a continuación. Por ejemplo, alguien te ha ayudado, pero cometió unos cuantos errores y tienes la difícil tarea de comunicárselo. Una manera de comenzar la conversación usando contraste, podría ser “no quiero que pienses que no agradezco tu ayuda, al contrario, ha sido un alivio contar con ella”. Habiendo hecho esta aclaración inicial, será mucho más difícil que la persona mal entienda tus intenciones al explicarle que cometió algunos errores.
Otra recomendación es preguntarse durante la conversación ¿qué quiero lograr con esta conversación? ¿qué quiero de esta relación? Esto ayuda a mantener los objetivos de largo plazo y a no entrar tan fácilmente en modo “batalla”. 
Puede sonar cliché y demasiado sencillo, pero finalmente, lo único que está bajo tu control es tu propio comportamiento y la mejor manera de evitar ir por la vida enojado, lleno de relaciones medias rotas e historias en las que somos víctimas, se puede resumir en una simple palabra: respeto.
Ahora… lo difícil. Ponerlo en práctica. Espero, que te armes de coraje y armado de tres herramientas: honestidad, respeto y disposición a escuchar, salgas corriendo en este preciso momento a efectuar las reparaciones correspondientes a tu casa, porque tu casa en este pasajero mundo, en realidad está hecha de personas, y sus habitaciones, de momentos, ¡a conversar se ha dicho!

¿Qué técnicas utilizas para mantener conversaciones constructivas?

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