#construyendofamilia

Nuestro devocional de Mayo 24 del 2015

LA IMPORTANCIA DE LO QUE DECIMOS

“La lengua de los sabios adornará la sabiduría; más la boca de los necios hablará sandeces”. (Proverbios 15:2)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Marcos 7: 1-23

Hemos oído infinidad de veces que una acción vale más que mil palabras; sin embargo, una palabra dicha en el momento adecuado y de manera oportuna, puede evitar enojos, confusiones y llenar a la persona que nos escucha de ánimo y alegría. Nuestras palabras y dichos se convierten en semillas de bien o de mal, que en el corazón de nuestros seres queridos, al pasar el tiempo, germinarán y darán fruto, el mismo que será dulce y apetecible o amargo y no deseable. Si amamos a nuestra familia, debemos practicar con ella un lenguaje de bendición. Como hijos de Dios, cultivemos la costumbre de hablar siempre palabras positivas y de bendición, así levantaremos a los nuestros en un ambiente de paz y tranquilidad.

La palabra hablada de acuerdo con lo que dice la Escritura tiene un enorme poder creativo, de forma tal que siempre nos sucederá lo que atemos con los dichos de nuestra boca. Como padres esta responsabilidad será mayor, porque somos los encargados de transmitir con palabras a diario vida o muerte a nuestros hijos y a quienes nos rodean. Nuestra necedad al hablar puede llevarnos a destruir su autoestima, ofenderlos con apodos o a través de anuncios desalentadores con respecto a su futuro.

Muchas veces, al enseñar este principio, muchas personas preguntan: ¿Y cómo hacer para expresarme bien y decir lo correcto a la persona correcta y en el momento indicado? La respuesta nos la da el Señor Jesús cuando enseña que de la abundancia del corazón habla la boca. No se trata de proponernos simplemente o de pensar bien antes de hablar. Se trata de revisar el estado de nuestro corazón, pues de él salen las motivaciones más profundas que nos llevan a hablar y a actuar, allí residen nuestras intenciones más íntimas, lo que en realidad somos. Por eso, el Señor reiterativamente nos pide que rindamos nuestro corazón a Él, lo sometamos a tu voluntad, pues en esa medida será limpiado, sanado, restaurado y transformado en un corazón sensible, amoroso, íntegro como el de Jesús.

Que esta sencilla reflexión nos lleve a abrir la inagotable fuente de bendición que poseemos a través de las palabras, para todos aquellos a quienes amamos y a todos los que encuentren a su paso cada día. Nuestras palabras son instrumentos que Dios nos ha dado para manifestar su amor al mundo. Comencemos expresando a nuestro cónyuge, padres, hijos, cuánto los amamos, lo orgullosos que estamos de sus logros, lo interesados que estamos en ayudarlos a levantarse cuando resbalen. Empecemos ya pronunciando bendiciones y deseando lo mejor para ellos cada día.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesús gracias por este nuevo día en nuestras vidas y por contar con tu palabra eterna, reconocemos que necesitamos de Ti cada día para hablar como conviene. Entendemos que somos instrumentos tuyo para trasmitir vida y salvación. Queremos entregarte nuestro corazón para que todo lo que salga de él, sea para bendecir, edificar, plantar y restaurar, que nuestras palabras se convierten en semillas de bien en el corazón de nuestros seres queridos y al pasar el tiempo, germinarán y darán frutos de bendición. Desde hoy te entregamos nuestros corazón y lo sometamos a Tu voluntad Amén”.

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