viernes, 14 de agosto de 2015

#construyendofamilia

EL VERDADERO CLAMOR

“Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová”. (Joel 1:14)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 12:1-8

Cuando disponemos nuestro corazón para hablar con Dios, conocemos que el verdadero sentido de la oración es cuando clamamos e intercedemos por la familia, los hijos, la nación y por nuestras propias vidas. La oración nos libera del egoísmo, nos vuelve sensibles a la necesidad de los demás, y sobre todo, hace que brote de nuestro interior una fe inquebrantable.

La mejor forma de enfrentar cualquier situación difícil es a través del clamor a Jehová, buscando hacerlo en su propia casa, en sus atrios celestiales, a los cuales tenemos acceso a través de la oración. Clamar es pedir para ser atendido ante un momento de impotencia y desamparo. Debemos hacer claridad en cuanto al verdadero clamor: no se trata de presentarnos delante de Jehová para desahogarnos y descansar, tampoco para llorar, quejarnos, lamentarnos y terminar arrodillados ante el problema.

El verdadero clamor hace ver que la única y mejor respuesta está en las manos de Dios y que estamos dispuestos a sujetarnos a esa respuesta, sabiendo que su voluntad es buena, agradable y perfecta para sus hijos, dando siempre lo excelente a cada uno.

El verdadero clamor nos hace tomar decisiones de cambiar de actitud y convertirnos a una forma de vida espiritual. ¿Es ese el sentido de su clamor, amable lector? ¿Clama usted a Dios o clama a los problemas? ¿Permite que sus asuntos imposibles los tome Dios? Hágalo, y probará cuán grande es el amor de Papá Dios, manifestado en el mismo momento en que le dejamos actuar en nuestra vida.

El ayuno y la oración son herramientas muy útiles que nos permiten ser revestidos del poder y la fuerza del Señor y nos capacitan para dar evidencia de la nueva vida en Cristo.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Padre, ya no quiero debilitarme ante los problemas, prefiero humillarte y postrarme ante ti, ¿Quién mas podría salvarme y sacarme victorioso sino Tú? Espíritu Santo, toma hoy mis áreas para que Cristo se manifieste en mi vida, Amén”. 

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