domingo, 6 de septiembre de 2015

#construyendofamilia

APRENDIENDO A TRATAR A LOS DEMÁS

“No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza. Honra a las viudas que en verdad lo son” (1Timoteo 5:1-3)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Timoteo 4 y 5

El apóstol Pablo buscó formar en Timoteo un varón lleno de fe, un verdadero siervo de Dios que no sólo hablara de Él con sus palabras sino también con sus acciones y su ejemplo. Es imposible pretender servirle a Dios si no estamos dispuestos a desarrollar un estilo de vida como el de Jesús. El hijo de Dios, estaba tan lleno de amor que era fácilmente deducible que Dios estaba con Él. Su amor a su Padre no sólo se manifestaba en palabras cuando oraba sino en acciones de obediencia que implicaban tener misericordia y actuar con compasión siempre hacia todo ser humano, en especial hacia los débiles, los enfermos, los desamparados, los menospreciados.

El Doctor Néstor Chamorro, fundador de una gran familia llamada Cruzada Estudiantil y Profesional de Colombia, Centro de Teoterapia Integral en el mundo, enseñó esta gran verdad de la Palabra de Dios “Hay que vivir con la gente, entre la gente y para la gente”. Es que en esto radicó su felicidad y el éxito de su vida. Quienes tuvimos el privilegio de compartir con él, recibimos un ejemplo de vida plena de profundas satisfacciones. Pero sus victorias no estuvieron relacionadas con logros académicos, económicos, con la fama o el poder. Su gran triunfo personal fue el amor. Se sentía verdadero hijo de Dios, y esto lo hacía poseedor de un genuino amor que manifestaba con libertad a cada uno de sus familiares, amigos y discípulos. Es este trato único y especial, cargado de amor comprometido, lo que ha hecho perdurable su recuerdo y vivo su ejemplo en el corazón de cada uno de los miembros de esta gran familia.

Una persona que pretenda servirle a Dios y desarrollar una obra trascendental en el mundo, debe desarrollar sólidos principios basados en el amor genuino a los demás. Nadie que no ame genuinamente a otro podrá influir perdurablemente en él. Toda victoria espiritual, toda obra que trascienda a la eternidad, será motivada y desarrollada a través del amor. Todo hombre y mujer de fe, llenos del Espíritu Santo, tendrán siempre una extraordinaria dosis de amabilidad, dulzura, diligencia, paciencia y compromiso para con todos; entonces estarán influyendo poderosamente en la vida de quienes les rodean, produciendo frutos de sanidad, restauración, liberación, prosperidad y gozo, pero también produciendo la multiplicación de su amor en la vida de otros.

Ahora vemos que el trato adecuado, respetuoso y misericordioso a quienes nos rodean, no es una cuestión de carácter, de formación, o de una actitud. Es una capacitación sobrenatural del Espíritu Santo, que nos lleva más allá de tener unas excelentes relaciones con los demás, a vivir en íntima comunión con Dios, manifestando su amor a través de nuestra vida.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre mío, Tú has sido mi mejor maestro en el amor, pues me has amado y cuidado sin yo merecerlo. Enséñame a amar, a perdonar, a aceptar y a vivir en paz con todos los que me rodean como Tú lo haces conmigo. Moldea y forma mi carácter conforme al tuyo. Hazme tan misericordioso, amoroso, paciente y compasivo como Jesús. Plasma su amor de compromiso y acción en mi corazón. Amén.” 



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