EL SECRETO DE LOS VENCEDORES

“Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo” (Salmo 84:2)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 84:1-12; Isaías 26:9

Aquí está el secreto de los vencedores: Acudir, anhelar, desear fervientemente, buscar con intensidad cada mañana y cada día la fuente de vida y felicidad. Este fue el secreto del rey David, pues no cabe duda que descubrió en la oración, su mayor tesoro, su más efectiva medicina, su mayor descanso, y el origen de su sabiduría, su fuerza y su poder. Él aprendió a deleitarse en la presencia de su Padre y a depositar sus cargas delante de Él, encontrando respuestas para todos sus momentos de angustia, de dolor o debilidad. Esto mismo debe significar para nosotros este tiempo especial en la mañana a solas con Dios, que conocemos como Devocional Personal. ¿Experimenta el anhelo de buscar a Dios?

La enseñanza que está consignado en el Manual de la Vida, en el Salmo 143:8,10, nos indica de una manera muy práctica y sencilla, pero absolutamente efectiva que lo primero, era desarrollar el hábito de buscar a Dios a primera hora en la mañana. Luego, debíamos tener en cuenta tres cosas importantes, a saber:

• Disponernos a ver por la mañana su misericordia; consecuencia de confiar en nuestro Padre Celestial.

• Saber o entender el camino por donde debíamos andar, fruto de elevar nuestra alma a Dios.

• Aprender a hacer su santa voluntad, resultado de tener al Señor como nuestro único y verdadero Dios.

Los resultados no se harán esperar cuando decidamos empezar a poner en práctica estas enseñanzas. Comprenderemos entonces cómo Dios en respuesta a nuestro anhelo de encontrarlo para seguir sus sabias instrucciones de vida y salud, nos unge con su Espíritu, quien a su vez nos guía hacia la victoria de cada día. Si creemos que Dios tiene un plan para prosperarnos, para darnos esperanza y un futuro victorioso, una vida rica y abundante, lo único que tenemos que hacer es aprender a estar en su presencia.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Señor gracias por permitirnos estar a Tus pies nuevamente, anhelando Tu presencia, gracias por hablar a lo profundo de nuestros corazones. Hoy entendemos que es en tu presencia que hay plenitud de gozo, prosperidad y victoria. Hoy, Señor, rendimos nuestras vidas a Ti; reconocemos firmemente que eres nuestro Padre, y que quieres y tienes lo mejor para nosotros, y para nuestros seres queridos. Gracias por amarnos y bendecirnos. Oh Jehová oye nuestra oración, pon Tú vista en el rostro de tus hijos, porque mejor es un día en tus atrios, que mil fuera de ellos Nuestra alma te espera en la noche; mientras haya aliento en nosotros, madrugaremos a buscarte. Enséñanos a hacer tu voluntad, porque tú eres nuestro Dios. Amén

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.

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