EL MEJOR REGALO

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 7:37-39; 1 Juan 5:14-15

Cómo nos gusta escuchar estas palabras: “Y cualquiera cosa que pidiéremos, la recibiremos...” Y es que así es nuestro Padre celestial, se deleita teniendo misericordia de nosotros y llevándonos a disfrutar de una vida abundante y completa para nuestra realización total, una vida plena de satisfacción, con sentido y propósito, con salud y fruto. Toda esta maravillosa vida se condensa y resume en un gran regalo que Dios quiere que disfrutemos permanentemente: Su Santo Espíritu.

Cuando el Señor Jesucristo estaba próximo a partir a los cielos, se reunió con sus discípulos y ante la tristeza que ellos manifestaban, la respuesta del Señor fue la promesa de su Espíritu: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7). En el Espíritu Santo, sus discípulos tendrían todo lo que necesitaban para mantenerse victoriosos en una vida de fe y consagración total a Dios

Si sentían tristeza, Él les consolaría, no con una palmadita en la espalda como suelen hacer los seres humanos para luego irse a atender sus propios asuntos; lo haría con su misma Presencia, tranquilizante, suficiente, maravillosamente evidente.

Ahora bien, para disfrutar esta calidad de vida abundante, es decir, la plenitud de la unción del Espíritu Santo, la misma vida de Cristo en nosotros y a través de nosotros, nada debemos hacer, nada debemos buscar, ni esforzarnos para conseguirla. Es un regalo de Papá Dios para sus hijos. Lo único que necesitamos es creerle a Él y estar dispuestos a disfrutar lo que nos da; anhelar esta vida y pedirla al único que nos la puede dar; acudir a Él para beber su preciosa agua inagotable y vivificante.

La invitación es hoy a que, a través de la oración, le pidamos a Dios que llene nuestras vidas del Poder de su Santo Espíritu, tomando el control de nuestro corazón, guiándonos a esa maravillosa experiencia de plenitud, de victoria y de poder.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Espíritu Santo, gracias por estar nuevamente entre nosotros, reconocemos que no sabemos pedir, pues siempre pedimos cosas cuando lo único que necesitamos es la plenitud de Tu Presencia en nosotros; hoy te pedimos que nos enseñes a creer de tal manera, que nuestra confianza esté reflejada en una obediencia creciente a Tu Palabra y en una armonía total de nuestra voluntad con la tuya”. Amén


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