Devociónal Marzo 26

LA ALABANZA, EL IDIOMA DE LA FE

“Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado y su santo brazo. Jehová ha hecho notoria su salvación; a vista de las naciones ha descubierto su justicia. Se ha acordado de su misericordia y de su vedad para con la casa de Israel; todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios” (Salmo 98:1-3)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 95:1-11

La Biblia es muy rica en expresiones de alabanza, que manifiestan confianza en Dios, y agradecimiento por la victoria; el rey David sabía mucho de este tema, pues escribió la gran mayoría de los salmos contenidos en la Biblia, como verdaderos ejemplos de lo que puede brotar de un corazón que está plenamente agradecido para con Dios y que se conmueve ante su amor.

La alabanza es el idioma de la fe, que da como resultado la victoria; por eso, cuando aprendemos a alabar a Dios todos los días, nos hacemos más que vencedores. Además, Dios ha manifestado que Él mora en medio de la alabanza de su pueblo, pues como Padre, se agrada y se conmueve ante el reconocimiento y la honra de sus hijos.

Si nos encontramos enfermos abatidos o desalentados, empecemos ahora mismo a alabar al Señor, expresando sus promesas de sanidad y liberación, y comenzaremos a experimentar que mientras alabamos a Dios viene la sanidad, la fortaleza, el gozo, el avivamiento espiritual, es decir que, el corazón será confortado y animado, y Dios convertirá el lamento en baile y la tristeza en alegría. De esta manera logramos estar en sintonía con nuestro Dios, trayendo a nuestra vida lo que Él ya ha preparado para cada uno de nosotros. Esto nos permite tener esperanza, al confesar con nuestros labios lo que ya hemos creído en el corazón.

Le invito a hacer de la alabanza a partir de hoy, su estilo de vida.

HABLEMOS CON DIOS

“Oh Señor, qué bueno es alabarte y exaltarte, cantar salmos a tu nombre, me regocijo en tu amor y en tus bendiciones; Padre bendito enséñame el secreto de la alabanza, quiero publicar tus hechos de bondad, reconocer que todo lo que tengo te lo debo a ti: la vida, la familia, el trabajo, los bienes materiales, el ministerio. Hoy te canto desde lo profundo de mi corazón, te exalto y te bendigo, Amén”.

 

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