Devociónal Junio 29

CUMPLIENDO NUESTRA RESPONSABILIDAD

“Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio”. (1 Corintios 4:15)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 21:15-17

Cada día debemos preocuparnos por cultivar cualidades espirituales en nuestra vida, y más aún cuando Dios nos ha confiado la vida de personas que anhelan conocerle, que necesitan ser sanadas y restauradas por él y que están conscientes de que es imprescindible aprender a caminar tomados de Su mano y a seguir sus principios de vida y prosperidad.

Nuestra principal responsabilidad como padres espirituales, es ayudar integralmente, con amor, paciencia y sabiduría, a cada uno de los que hemos ganado para Cristo, verles crecer, madurar y desarrollarse.

Como padre o madre espiritual, debemos estar llenos de amor y afecto por los discípulos, entregándonos a ellos, orando por cada uno y perseverando en oración hasta verlos sólidos en la fe.

Debemos cultivar la llenura del Espíritu Santo, para que la unción en nuestra vida brille, preocuparnos por conocer la Palabra de Dios que nos capacita para transmitir sus principios eternos y de esta manera, llevar a los demás a vivir una vida fructífera, capacitándolos para enfrentar toda prueba.

No olvidemos cultivar la paciencia como algo prioritario en nuestra vida para ver a los discípulos madurar. Cuidemos con celo las vidas que Dios mismo ha colocado bajo nuestra orientación y cuidado. No perdamos de vista todo detalle del discípulo, el ejemplo muy claro lo encontramos en el Señor Jesús, quien se caracterizó por ser un gran Padre y hoy seguimos disfrutando de ese liderazgo de amor, santidad, y paciencia.

Aceptemos con amor a nuestros discípulos como Dios nos ha aceptado a nosotros. Después de todo ésta será la medida a través de la cual Dios medirá nuestro amor a él: “¿Me amas?... Pastorea mis ovejas”.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Señor, te doy gracias por haber contado conmigo para llevarle respuesta a muchos hombres que necesitan de ti. Acepto con temor y temblor el desafío de cumplir la gran comisión y te pido que tu Santo Espíritu cada día me capacite para amar, velar y cuidar las ovejas que has entregado en mis manos, Amén”.

 

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