Devociónal Julio 22

ESCOGIDOS PARA SER PUEBLO ESPECIAL

“Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra”. (Deuteronomio 7:6)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Samuel 17:1-58; 1 Pedro 2:9-10

Comprender que hemos sido reconocidos como hijos legítimos de Dios se constituye en la más grande bendición para nuestra vida, ya que como hijos, somos también especiales e inmensamente valiosos; no porque lo hemos merecido, sino por el grande amor de Dios, y la fidelidad a su promesa dada a nuestros antepasados.

Muchos caen derrotados en profundos períodos de depresión, se inutilizan a sí mismos, o no viven con el máximo de su potencial, pensando que carecen de valor e importancia. Quizá para muchos, otros son los triunfadores, otros los que alcanzan el éxito, los vencedores, y mientras tanto pasan la vida entera ignorando cuál es su legítima herencia como hijos de Dios.

El hijo que entiende que es especial y vive a la luz de ello, desarrollará un sentido de pertenencia y una amplia identidad con su Papá Dios.

Los grandes vencedores son aquellos que, a pesar de las circunstancias o las personas, se apropian del linaje de ser pueblo especial y santo para el Señor; y no se amilanan fácilmente ante los desafíos de la vida, sino que tienen claro que son legítimos hijos de Dios. Los que se consideran pueblo santo y especial, son aquellos que siempre alcanzan el éxito, los que no claudican jamás.

Recuerde que usted es embajador en el nombre de Cristo; que ser el pueblo santo y especial implica una alta calidad de vida, que se demuestra en el lenguaje utilizado, el vestido, la alegría de su rostro, en los sueños y las visiones que se tienen en la vida, y en la capacidad de actuar para convertir en realidad dichos sueños.

Pero también recuerde, que ser parte de un pueblo especial, no es fruto de nuestros méritos. Obedece a una elección de Dios. No porque seamos más, sino porque Dios tuvo misericordia. Así que con humildad y gratitud busquemos estar cada día bajo la poderosa mano de Dios, y en esa medida nuestro linaje se manifestará en forma permanente.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Señor Jesús, quiero darte gracias por hacerme partícipe del pueblo santo y especial de Dios, por identificarme con la familia de Dios, por invitarme a participar de tu herencia eterna. Reconozco que ha sido por tu gracia y tu amor. Enséñame a valorar ese linaje cada día y que mi conducta y mis actitudes siempre te reflejen a donde vaya, Amén”.

 

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