Devocional Octubre 6

DE RODILLAS ANTE DIOS (PARTE 2)

“Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle” (Lucas 22: 41-43)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Lucas 22:39-46; Salmo 51:16-17

¡Qué extraordinario ejemplo de humildad! Siendo Dios mismo, Jesús no se separa ni un instante de su Padre ni de su perfecta voluntad. Ahora, estaba a punto de morir de la peor manera posible, cargando sobre sí todo el pecado de la humanidad, y es cuando le vemos buscar mucho más intensamente, la única respuesta posible, a través de la oración.

A medida que la agonía crece, al punto que en lugar de sudor, caen grandes gotas de sangre de su cuerpo, también se hace más intensa la oración. Es a través de ella que Jesús nuevamente obtiene todo lo que necesita, toda la paz, toda la fortaleza infinita, toda la valentía y el poder, la seguridad y la confianza, para levantarse e ir con una firmeza sorprendente a la cruz, experimentando el mismo gozo que siempre le había traído, agradar a su Papá.

Si para Él, siendo igual a Dios, era tan importante estar permanentemente a solas con su Padre, para nosotros también debe serlo. Definitivamente, el éxito de la vida cristiana consiste en comenzar y concluir cada día “de rodillas”, cultivando una vida rica de oración y de estudio de la Palabra de Dios, la cual nos permitirá abrevarnos de los manantiales de agua viva, para no tener sed jamás.

Esta sed hace referencia a las innumerables necesidades y circunstancias que agobian nuestra vida y nos impiden disfrutar la vida abundante que Él nos da. Cuando vamos a su Presencia, encontramos que Él es el único capaz de suplir todos nuestros faltantes y necesidades. Así, somos fortalecidos en medio de la debilidad, sanados de cualquier enfermedad, nuestro lamento se convierte en gozo, nuestra escasez en abundancia, nuestra torpeza en sabiduría y en medio de nuestra impotencia, recibimos su poder para vencer. Necesitamos constante y continuamente la ayuda de Dios mientras caminemos por los caminos de la vida. Dios nos ha prometido día tras día su dirección, y esto sucede cuando confiamos en Él (Salmo 37:5)

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, ahora comprendo que las victorias de mi vida se darán mientras mantenga de rodillas delante de Ti. Fortaléceme con tu Espíritu para buscarte cada día y así estar en pie, venciendo todas las circunstancias de la vida” 


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